Salmo 116:16-17 NVI
“Yo, Señor, soy tu siervo; soy siervo tuyo, hijo de tu sierva; ¡tú has roto mis cadenas! [17] Te ofreceré un sacrificio de gratitud e invocaré, Señor, tu nombre.”
“¡Oíd el ruido de rotas cadenas! ¡Ved en trono a la noble igualdad!”
Así termina la primera estrofa del Himno Nacional Argentino, un canto lírico escrito en 1812 por Vicente López y Planes, abogado y político que llegó a ser presidente y gobernador.
Era una época de revoluciones. El ánimo de la gente era anticolonialista y revolucionario. Habían pasado menos de 2 años de la declaración de mayo y todavía faltaban más de 4 para la independencia. Era la etapa de las “guerras independistas contra los realistas (españoles)” y donde el monstruo era, precisamente, el Reino de España.
Por lo tanto eso enciende la llama del nacionalismo y patriotismo, una llama que en nuestro caso se ha ido apagando de la mano de la corrupción política que lo que menos hace es sentirnos orgullosos de ser argentinos, ¡excepto! en los mundiales, copa américa y ahora la Fórmula 1 internacional (¡Vamos Colapinto!) Por eso es que el himno se canta con pasión en los eventos deportivos y con apatía en las escuelas y actos públicos.
El himno tiene una parte que ha sido eliminada, prohibida en realidad, que ataca y ofende a España (te recuerdo, era una época donde España era el monstruo opresor). La “Marcha Patriótica” (nombre original) tenía expresiones como: “A vosotros se atreve argentinos el orgullo del vil invasor” o “con brazos robustos desgarran al ibérico altivo león” En ese contexto se entiende mejor el: “¡Oíd el ruido de rotas cadenas!”
Ese es el mismo sentir que transmite el Salmo 116: 16-17, que si bien siempre digo que los salmos no sientan doctrina, acá no está hablando de doctrina sino de sentimientos y emociones, algo que nace en el corazón del salmista.
David dice: “¡tú has roto mis cadenas! Te ofreceré un sacrificio de gratitud e invocaré, Señor, tu nombre.” Una reacción de reconocimiento, de honra y gratitud, ante la liberación. La sensación que siente el pueblo colonizado cuando logra su libertad, el sentimiento que nace con la identidad, el nacionalismo, la bandera.
¡¿Qué mejor razón, qué mejor motivo para desarrollar un “patriotismo cristiano”?! Así como las guerras de independencia trajeron libertad de la opresión española, la cruz trajo libertad de las cadenas que nos ataban. ¿No deberíamos levantar la bandera de Cristo?
Las cadenas que ataban a los criollos eran la dependencia, la obligación de comerciar solo con España, el sentirse ciudadanos de segunda (no ser argentinos pero tampoco españoles), ver que el oro no se usaba para progreso sino para enriquecer la corona.
¿De qué cadenas te liberó Jesús?
Muerte eterna, condenación, angustia, dolor, pecado, infierno, separación de Dios, y para ser más claro: “nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención y perdón de pecados.” (Colosenses 1:13-14)
Cuando se declaró la independencia el 9 de Julio de 1816, ya nunca más hubo cadenas que nos aten a la dominación y opresión extranjera (…) Cuando Jesús murió en la cruz, ya nunca más hay cadenas que te aten al dominio de la oscuridad.
¿Te estás sintiendo atado? ¿Sentís cadenas a tu alrededor? ¿Sentís que no avanzás, no te movés, te estancás? ¡Ofrecé un sacrificio de gratitud! ¡Levantá una voz que de testimonio de la obra de Cristo! ¡Dale gracias por lo que hizo!
Dale lugar en tu vida para que siga siendo tu libertador…
Que tengas un excelente día! ⛓️
