ADN

Santiago 4:5 NVI
“¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros?”

Esta mañana mientras venía para la iglesia estaba escuchando en la radio una noticia sobre un supuesto nuevo descubrimiento de la genética que, supuestamente, resolvería el viejo misterio: “¿qué fue primero, el huevo o la gallina?”

Más allá de que no hay realmente ningún misterio alrededor de ese conflicto biológico/ético/filosófico, esta gente pretendía argumentar que “el huevo fue primero, porque la gallina nace del huevo” (…) ¡Si estos son los nuevos descubrimientos de la ciencia ya estamos salvados!

No quiero entrar en ese debate pero me lleva a otro: el vínculo entre la gestante, el embrión y el nuevo ser nacido es muy fuerte, tan fuerte, que perdura a través del tiempo y los conflictos que pudieran presentarse. Si, ya no estoy hablando de la gallina sino del ser humano (¿puedo decir hombre? ¡hoy es el Día del Hombre!)

¿Por qué una madre ama a su hijo/a? Respuesta obvia: ¡Porque lo llevó 9 meses en su vientre! Ok, ¿y el padre entonces?¿Por qué un padre ama a su hijo?

Independientemente que el vínculo se desarrolla de manera distinta en la madre que en el padre, y que algunos creen que el padre ama menos, el vínculo de amor se sostiene por una sola cosa: la íntima conexión que surge de la continuidad. Sí, la continuidad. Ver que “algo tuyo” está en tu descendencia. Ver que, precisamente, es “tu descendencia”. “Verte” en esa nueva persona que se está desarrollando y creciendo (si, a pesar de la adolescencia).

Esto también tiene su lado negativo, que a veces queremos proyectar en nuestros hijos nuestros anhelos y nuestros fracasos y queremos vivir a través de ellos cosas que quedaron pendientes. Esa es una puerta de conflicto seguro.

Pero cuando funciona correctamente, es la continuidad del ciclo de la vida, es el legado, es la herencia, es el crecimiento y el orgullo de ver a tus hijos formarse como adultos.

Dios puso algo algo en nosotros. Algo que nos identifica con él y que es lo que asegura la continuidad de su obra. Dios puso algo en nosotros que, al ser imposible tener un vínculo genético con Dios (¿seguro?) se convierte en un vínculo espiritual.

Dios puso algo en nosotros, su Espíritu, su esencia, la parte de Dios que está en todos lados y habita en nosotros, entre nosotros y alrededor de nosotros. La parte espiritual de Dios que transmite su palabra, sus emociones y su esencia. La parte espiritual de Dios que nos mantiene conectados con Dios y nos lleva a un vínculo por el cual “clamamos abba padre” (Romanos 8:15), el ADN espiritual que nos confirma como “participantes de su naturaleza divina” (2 Pedro 1:4) para que por espíritu, por linaje y por herencia seamos llamados “hijos de Dios” (Romanos 8:14)

Dios te ama, como una madre a su hijo.
Dios te ama, como un padre a su hijo.
Dios te ama, porque puso su espíritu.
Dios te ama, porque compartís su esencia.
Dios te ama, porque sos parte de su naturaleza.

“…Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros…”

Que tengas un excelente día! 🧬

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