Salmo 119:9 NVI
“¿Cómo puede el joven mantener limpio su camino? Viviendo conforme a tu palabra.”
Ayer en el discipulado tuvimos clase de Biblia, o sea, una clase acerca de la Biblia. Ya lo dije en otra ocasión y tengo que confesarme culpable, soy un fanático de la Biblia. Creo, ya dije esto, que la Biblia es la fuente de todo lo que sabemos acerca del cristianismo. Todo lo que sabemos acerca de, por ejemplo, la existencia de Jesús y los milagros de Jesús lo hemos aprendido a través de la Biblia y no porque un ángel lo haya revelado en secreto.
La Biblia es la palabra de Dios y más allá de un montón de cuestiones que podemos analizar sobre las diferentes versiones, sobre algunos pasajes un poco extraños o debatibles, sobre aquellos que piensan que la Biblia se contradice, sobre los que creen que es un libro de metáforas, la Biblia sigue siendo la palabra de Dios.
Sí, ya sé que no todo lo que está en la Biblia es palabra de Dios, sino que la Biblia contiene la palabra de Dios, pero todo lo escrito ha sido permitido por Dios que esté escrito porque en definitiva, aún cuando satanás se pone a hablar también eso es para nosotros de enseñanza y termina siendo de edificación.
La Biblia demostró ser eficiente y eficaz: cumple con su propósito y deja un resultado. Y eso solo lo puede hacer porque es la palabra de Dios, porque si fuera solamente un libro motivacional nos dejaría un buen sabor un buen ánimo, ganas de hacer algo pero nada más. En cambio la Biblia, que es la palabra de Dios, es Dios en la palabra y de esa manera produce resultados de transformación.
El versículo de hoy lo dice: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar la palabra.” (Salmos 119:9)
Así que yo, que todavía me considero joven y espero que vos también te consideres joven, para toda situación, para cualquier conflicto, para todo aquello que necesite resolver, para saber cómo guiarme, para encontrar el camino para tener una respuesta a mis dudas y también temores, voy a la palabra, a la palabra de Dios.
¡Vayamos a la palabra, a la palabra de Dios!
También dice la Biblia que “la palabra de Dios es una espada” (Efesios 6:17), y las espadas deben saber usarse, hay que acostumbrarse a manejarlas. No alcanza con tenerla, es necesario ejecutarla.
La palabra de Dios tiene que ser más que el alimento diario, tiene que ser tu compañera y guía a lo largo de ese día.
Relacionate con la palabra.
Conocé la palabra.
Usá la palabra.
Memorizá la palabra.
¡Orá la palabra!
Y tus caminos quedarán libres de tropiezos, desvíos y obstáculos.
¡Que tengas un excelente día! 📖
