Impermeables!

Ezequiel 46:9 NVI
“…cuando el pueblo se presente delante del Señor durante las fiestas señaladas, el que entre para adorar por la puerta del norte saldrá por la puerta del sur; así mismo, el que entre por la puerta del sur saldrá por la puerta del norte. Nadie saldrá por la misma puerta por la que entró, sino que siempre saldrá por la de enfrente.”

¿Viste esas películas, más que nada en la época de oro de Hollywood allá por los 50’s, donde el protagonista, el muchachito, la muchachita, eran perfectos y nada los desarreglaba? Se metían al agua y salían con el pelo seco y el rimmel intacto, se despertaban y estaban peinados y los ojos siempre frescos y rozagantes, corrían a caballo y nunca se despeinaban. Más que modelos, ¡eran estatuas! ¿Cómo hacían Clark Gable y Elvis Presley para que no se les desarme el rulito en la frente? ¡Ah, pero a Marilyn… el viento le levantó la pollera!

Viniendo un poco más acá, hasta hace poquito nomás, en las novelas de “la tele” se seguían despertando peinados y se levantaban a desayunar como miembros de la realeza… ¡andaaaa!

Más allá de eso, que solo sucede en la ficción, ¿es posible que las condiciones externas no te cambien? Digo, si estás haciendo milanesas es imposible evitar que se te pegue el olor. ¡si hasta toda la casa queda con olor a milanga! Por más que lo quieras dibujar, por mucho Lysoform o difusores que uses, el olor permanece.

Es que no somos impermeables al lugar donde estamos, al entorno que frecuentamos, al ambiente en que nos movemos. Sí o sí algo siempre se te pega. Sí o sí, algo te va cambiando.

Así cuenta Ezequiel en su visión del futuro templo,… cuando entrás en el lugar donde Dios está no podés seguir siendo igual y no podés ni debés volver atrás. No solo eso, sino que la dirección es “siempre hacia el frente” como si tuviéramos una única marcha: la primera que va en línea recta como cuando aprendemos a manejar.

“Nadie saldrá por la misma puerta por la que entró, sino que siempre saldrá por la de enfrente.” (Ezequiel 46:9)

Ya lo dijo Isaías “el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará.” (35:8) Ya lo dijo Jesús, señalando el camino “Entren por la puerta estrecha” (Mateo 7:13) También dijo “yo soy la puerta” (Juan 10) y “yo soy el camino” (Juan 14).

Las indicaciones están dadas, no es difícil, hasta el más tonto lo encuentra: derecho y hacia adelante.

“Nadie saldrá por la misma puerta por la que entró, sino que siempre saldrá por la de enfrente.”

Cuando llegás a Cristo, nadie vuelve a ser igual.

Que tengas un ¡excelente día!

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