“Espejito, espejito”

Proverbios 25:28 DHH94PC
“Como ciudad sin muralla y expuesta al peligro, así es quien no sabe dominar sus impulsos.”

Se ha dicho muchas veces que nuestro peor enemigo, el que detiene nuestro progreso, que consume nuestras energías, que pone trabas a nuestro crecimiento, no es el diablo ni mucho menos sino ese al que vemos cada mañana en el espejo.

Recuerdo cuando escribí “Síntomas…” que ese tema se volvió casi central en el libro. Elías tenía unos cuantos conflictos emocionales que bloqueaban su entendimiento, entraba en una zona oscura, en su propio punto ciego, donde el culpable siempre era el otro y él la pobre víctima de todos los que lo rodeaban.

Este es uno de los puntos en el que difiero con la psicología. No sé si los freudianos, lacanianos o qué fulanos son los que alimentan esa idea: el culpable es el otro, y solo nos ayudarían a convivir y enfrentar la situación.

Pero cuando avanzamos en Cristo, o al menos cuando va pasando el tiempo y vamos “acumulando” experiencia, nos damos cuenta de que somos los responsables de nuestra propia vida.

Ayer decía predicando que “en todo lo que tiene que ver con nuestra relación con Dios, se requiere de nuestra intervención”; Dios nos hace parte, no solo espectadores, de nuestro crecimiento espiritual y las metas a las que aspiramos alcanzar.

Ya lo dijo Pedro, que el diablo busca devorarte, pero que es tu responsabilidad (mí responsabilidad) evitarlo: “Practiquen el dominio propio y manténganse alerta.” (1 Pedro 5:8)

¡Ah! ¿Creíste que te iba a dejar ponerte en víctima?

No dependas del otro.
No mires al otro.
No señales ni acuses al otro.
Empezá por tu interior, por ese hombre interior que lucha por prevalecer, pero que debe morir para que Cristo crezca en vos.

Que tengas un excelente día!

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