2 Pedro 3:8 NVI
“Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años y mil años, como un día.”
Voy a decir algo que es una obviedad. Es de esas cosa que entra en la categoría APT (a prueba de tontos), que prácticamente está de más decirlo pero que, al mismo tiempo, no hace mal repetirlo: Las cosas de Dios, las cosas en las que Dios está involucrado, no son a tu manera ni a mi manera, las cosas en las que Dios interviene son a la manera de Dios.
Cuando llegué a Cristo tenía todavía algunos criterios desencajados del plan de Dios. Creía que para obtener algo de Dios debía usar principios humanos, las formas de la calle, que Dios entendía y aceptaba. Cuando pasó el tiempo aprendí (espero haber aprendido) que el Dios de pactos es un Dios de principios y que los principios de Dios, como las maneras, son los suyos y no los míos.
Ayer mencioné algo de eso hablando del “espíritu de microondas” y del “derecho a recibir”, cosas que solo se fundamentan en mi ignorancia y no en Dios ni su palabra.
Me gusta decir que en Dios no siempre 2+2=4, que a veces puede ser 5, y a veces 3; que él maneja los tiempos según sus planes y que mueve las piezas según sus propósitos.
Cuando ponemos un huevo a hervir sabemos que a los 3 minutos del hervor ya está listo (o casi), que si pongo un puré instantáneo en el microondas tarda 2 secuencias de 4 minutos, que si echo los ravioles, a los 5 minutos mejor que los saque; pero cuando pido algo a Dios o estoy esperando que responda o actúe…. no hay un tiempo prefijado ni una recomendación del chef, no es a mi manera, es a la manera de Dios.
La Biblia dice que “Todo tiene su tiempo” (Eclesiastés 3) pero también dice que “mis tiempos están en las manos del Señor” (Salmos 31:15) y que la medida del tiempo la define él mismo: “para el Señor un día es como mil años y mil años, como un día.” (2 Pedro 3:8)
Todo tiene su tiempo, el tiempo de Dios.
Tus tiempos están en sus manos, según el tiempo de Dios.
El tiempo de Dios no es lento ni rápido, es el tiempo de Dios.
No busques respuestas rápidas ni soluciones apuradas. No busques la salida fácil ni creas que se tarda. No tomes decisiones apresuradas, como Saúl, que por creer que el profeta tardaba, puso en juego y perdió su reino y ministerio.
Dejá las cosas en las manos de Dios. En el tiempo de Dios.
Que tengas un excelente día! ⌛
