Egoísmo Santo

1 Juan 1:4 NVI
“Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa.”

¿Alguien puede dudar que el ser humano es egoísta? Y no hablo de ser ambicioso o tacaño, mucho menos de ser envidioso, pero… ¿no tenemos todos un poco de egoísmo?

Definamos egoísmo: hacer las cosas por un beneficio propio (muy básico, si, pero suficiente). Volvamos a la pregunta: ¿Alguien puede dudar que el ser humano hace las cosas por un beneficio propio? ¡A que ahora estás de acuerdo!

Trabajamos, para obtener un salario. Damos, para recibir. Amamos, para ser amados. Nos esforzamos, para recibir un poco más. Trabajamos más, para ganar un poco más. Competimos, para superar al otro, para quedar en mejor posición. ¿Conclusión? Nos movemos por egoísmo.

Por eso es que Dios tiene que hacer hincapié tantas veces en no abusar de esa motivación ni enfocarnos solamente en eso: “no recibís porque pedís para gastar en tus deleites” (Santiago 4:3), “raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 3:10), “todo lo que hagas, hacelo de corazón, como para el Señor” (Colosenses 3:23)

Pero ese egoísmo, como motivador, es el motor interno que hace que le pongamos ganas a las cosas. Por eso es que el socialismo no funciona, nadie quiere trabajar para que otro se beneficie de mi esfuerzo ¡y todos reciban lo mismo! Ese egoísmo natural es la fuerza que Dios puso en el corazón del hombre (y mujer) para que busque progresar. La diferencia está en que, al hacerlo, no debés pisar al otro.

¿Querés más? Hasta el sexo se basa en el egoísmo, pero es funcional al plan de Dios. El sexo es la forma placentera de cumplir la orden de Dios de “fructifiquen y multiplíquense” (Génesis 1:28), de no ser así, realmente dudo que se hubieran tenido los hijos que se tuvieron a lo largo de los milenios…

¿Y el evangelismo? Entendemos que predicamos las buenas noticias por amor al otro, para que no se pierda, pero… ¿será por eso que no le damos tanta importancia? Los testigos de jehová inventaron lo del cielo por obras, para así lograr que se predique casa por casa. ¿Y por casa? ¿Cómo andamos?

Juan escribe una reflexión acerca de la revelación de Cristo. No lo hace para nadie en particular. La llamamos epístola universal porque es para todos, o sea, para nadie en especial. Y al escribir su blog Juan dice que solo cuenta lo que vio, lo que vivió, lo que palpó, lo que pudo experimentar, y que lo hace para que todos puedan tener la misma experiencia y comunión con Dios (y con la iglesia), y termina diciendo:

“Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa.” (1 Juan 1:4)

Para que “nuestra”, o sea “su”, alegría sea completa. Ni más ni menos que una confesión de que ¡predica el evangelio porque a él le hace bien! (ups!) Bueno, Jesús le enseñó a Pedro que al predicar se recibe prosperidad, pero eso es para otra historia.

¿Estás medio bajón?
¿Te falta motivación?
¿No le encontrás sabor a la vida?
¿Sentís como que “te falta algo”?

Primero: acercate a Dios.
Segundo: predicá el evangelio, decile a la gente que “Se Puede Vivir de Otra manera!”

Que tengas un excelente día!

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