Tal vez entre la lista de expresiones comunes y populares que los padres hemos dicho (y que hemos escuchado de nuestros padres) está el “¡Mirá por donde caminás!”, algo que se multiplicó en los últimos años gracias a los celulares porque caminamos mirando la pantalla en vez de mirar donde pisamos.
Esto ha sido fuente inagotable de memes. ¿No viste alguno de alguien que se llevaba un poste por delante? ¿Y el que se caía a la pileta? Ah, también ese donde dos personas caminando de frente chocaban entre sí porque ninguno vio venir al otro.
Podríamos decir que andamos distraídos, pero en realidad no es falta de atención sino de una atención desviada. Ponemos el foco no en lo prioritario sino en lo que nos divierte, o entretiene, o hace pasar el tiempo, o dispersa para salir del stress cotidiano. El problema es que por querer salir del stress cotidiano ¡podemos quedar desconectados para siempre!
Más allá de los memes, es una cosa seria lo que pasa. No solo caminando, también manejando. Puedo darme cuenta cuando el que va delante está mirando el celular, o hablando por teléfono (y no con manos libres). Realmente es peligroso.
¿Y con la vida? ¿Con el andar diario? ¿Con mis proyectos, metas, decisiones? ¿Dónde tenemos puesto el foco? Es inevitable que, si caminamos hacia un lugar mirando para otro, nos desviemos o erremos el rumbo. Es indudable que, para llegar a donde quiero ir, tengo que apuntar y enfocar en esa dirección. ¿Te imaginás a un jugador de tiro al blanco tirando a ciegas o mirando para otro lado?
¿Viste cómo cazan los animales? No sacan el ojo de su víctima. ¿Viste cómo atajan los arqueros? No sacan el ojo de quien patea, y una vez hecho, no saca el ojo de la pelota. ¿Viste al que estudia una carrera y anhela recibirse? No saca la mirada del día de graduación, como Moisés, que tenía la mirada puesta en “el galardón” (Hebreos 11:26) y por lo tanto no le importó lo que dejaba de lado, ni los renunciamientos, ni el esfuerzo. ¡Como el que se quiere recibir! Como el que entrena para una competencia o tan solo para ver una transformación en su cuerpo.
¿Dónde están puestos tus ojos? ¿Qué pasos estás dando? ¿Qué camino estás siguiendo? ¿Dónde estás mirando? Dice Proverbios 4:26, “Fíjate en el sendero de tus pies, y todos tus caminos serán establecidos.”
No te corras del propósito.
No te corras del llamado.
No te corras de la meta.
No te enfoques en otra cosa más que alcanzar el lugar al que querés llegar, el que Dios tiene para vos.
“…olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta…” (Filipenses 3:13-14)
