Si tenés algunos pocos años en la iglesia, seguramente lo escuchaste. Si, como yo, viviste el resurgimiento del mover de la unción con Carnival, Freidzon, Benny Hinn y otros, no solo lo escuchaste sino que te lo aprendiste y lo recitabas:
“Después de esto, derramaré mi Espíritu sobre todo ser humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán sueños los ancianos y los jóvenes recibirán visiones.” (Joel 2:28)
(Bueno, nuestra generación se copaba con la RV “sobre toda carne”.)
Era el puntapié para declarar derramamiento, para revolear sacos, para empezar a llorar y temblar, para pasar al frente a que fulanito ore por vos o suelte una palabra, a empezar a barrer el piso con tu ropa.
Pero ¿alguna vez te detuviste en el “después de esto…”? ¿De qué habla? ¿Después de qué? ¿Te tomaste el trabajo de leer Joel 2 desde el principio? (ups!)
Clamor, arrepentimiento, ayuno, aflicción, espera, determinación, acción, fracasos, decisiones, toda una situación de crisis a causa de la rebelión que cosechó una reprensión de parte de Dios (para no poner “castigo”) que derivó en llanto, miseria y dolor. Y clamor. La búsqueda del Señor como única salida a una situación generada por olvidarse de él.
“Después de esto…” Después de ese giro, de ese cambio de actitud y de volverse a él es que entonces… “…derramaré mi Espíritu sobre todo ser humano…”
No hay derramamiento sin arrepentimiento. No hay manifestación sin entrega. No hay visión sin consagración. No hay provisión sin ofrenda. No hay consuelo sin dolor…
“Después de esto…” ¿estás dispuesto a poner nuevamente a Dios en el lugar que le corresponde?
“Vuélvanse al Señor” dice Joel 2:13 (todavía antes del 28)
“Después de esto…” Y no antes…
¡Solo un pensamiento! 🤷🏻♂️
