¿Te acordás que ayer te decía que, mientras estés a tiempo, hagas los ajustes necesarios para volver a “practicar las obras que hacías al principio”? (Hablando de Apocalipsis 2:5) Bueno, parece que la cosa con las iglesias no terminó ahí sino que Jesús sigue pinchando mente y corazón para volver al punto de encuentro.
Una de las columnas de la fe cristiana, y creo que la más importante, es la de la salvación por medio de la fe, sin necesidad de obras. Otras doctrinas de base cristiana enseñan lo contrario, desde la ortodoxia tradicional del catolicismo, a la manipulación de las sectas cristianas, se utiliza el concepto de “las obras” como medida, puerta o seguro de nuestra salvación.
No es nada nuevo, ya Santiago se peleaba con la gente de su época (alrededor del 50 a.C) sobre que si las obras sirven o no sirven, que unos predicaban obras y otros predicaban fe; pero él mismo da la enseñanza clave diciendo que “como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.” (Santiago 2:26) Gracias a eso quedamos todos de acuerdo y ahí fue donde a Lutero se le chifló el moño (bueno en realidad el se puso loco cuando entendió “el justo por la fe vivirá”, en Romanos 1:17) en que la salvación es por gracia, que se alcanza por medio de la fe. Pero que si no hay obras no hay fe.
Tranquilo, las obras no salvan, pero las obras demuestran que tenés fe. ¿Lo querés más claro? Si no hacés cosas impulsado por la fe, es que en realidad no tenés fe y por lo tanto, sin fe…. “es imposible agradar a DIos” (Hebreos 11:6)
Tal vez la confianza en la misericordia y la gracia nos lleve a relajarnos. Capaz demasiado. Como decía un amigo: “¡hacé la plancha en Cristo!” Tal vez la seguridad del amor de Dios no nos deje ver los peligros de la comodidad, la dejadez, el adormecimiento. Tal vez se nos meta esa idea procrastinada de: “después lo hago…” dejando las cosas a media, dejando la obra sin terminar; y acá te digo que las intenciones, en esta, no valen.
Si tenías que construir una calle pero la dejaste por la mitad, esa obra ¿está hecha? Si tenías que rescatar a un hombre que cayó al precipicio pero levantaste la soga hasta la mitad ¿lo rescataste? Así también las cosas que dejamos sin terminar, los deberes postergados, no se pueden contar como tareas cumplidas.
Dice Apocalipsis 3:2 “¡Despierta! Reaviva lo que aún es rescatable, pues no he encontrado que tus obras sean completas delante de mi Dios.”
¡Es importante que la obra esté completa! Porque unos versos antes, en 2:23 dice: “yo soy el que escudriña la mente y el corazón y a cada uno de ustedes lo trataré de acuerdo con sus obras.” El trato, el resultado, el alcance, la corona, serán según tus obras…
No te confíes en trabajos empezados. No te relajes con lo casi terminado. No dejes para mañana ¡lo que era para ayer! No descanses en otros lo que Dios te dio a vos por hacer. Despertate. ¡Reavivá lo que todavía se puede rescatar! Completá la tarea que Dios puso en tus manos.
Solo una idea, qué sé yo… nada más…
Que tengas un excelente día!
