Si seguir a Cristo cuesta, no seguir a Cristo ¡cuesta!
Tal vez siempre miramos a Jonás solamente como el envidioso rebelde que, por odio tal vez, no quiso ser la herramienta de Dios para la restauración de un pueblo (¡tipo bravo Jonás, eh!) Pero además de eso puedo ver todas las vueltas que hay que dar cuando queremos escapar del llamado.
Todos tenemos un llamado de parte del Señor, no todos tenemos un llamado al ministerio (grave error y manipulación de la doctrina G12), pero todos tenemos un llamado a una función o propósito específico. En algunos, vuelvo a decir, es ministerial, a ocupar un lugar activo en la obra; en otros, a hacer lo mismo pero desde su posición o lugar en la vida; a otros, ser formadores, catalizadores, nexos que lancen a otros llamados (como Ananías con Pablo). Por último, lo que es totalmente seguro e inevitable es el llamado que “todos” recibimos a ser luz y de testimonio para que “otros” se acerquen a Dios.
Pero cuando no tenemos bien orientado el foco del GPS espiritual, solemos poner en primer lugar nuestras metas, sueños, proyectos, ideas, razonamientos, excusas, caprichos o vaya a saber lo que sea, antes que el llamado de Dios y su propósito conmigo. ¿Está mal? No sé, es una decisión. Después de todo Dios sigue dejando en nuestro albedrío la decisión de qué hacer con nuestra vida. (“tu llamado, tu ministerio, tu decisión” 🤭)
Mirá todo lo que tuvo que hacer Jonás: “Jonás huyó del Señor y se dirigió a Tarsis. Bajó a Jope, donde encontró un barco que zarpaba rumbo a Tarsis, pagó su pasaje y se embarcó con los que iban a esa ciudad, huyendo así del Señor.” (Jonás 1:3)
Primero: “Huyó del Señor” cambiando el rumbo. Dios te pide algo y te vas en sentido contrario. Dios te llama para un ministerio y te vas a otro o te alejás de Dios.
Segundo: “Bajó a Jope”. Si bien es una referencia geográfica es más que una referencia geográfica. Cuando escapamos de lo que Dios quiere hacer con nosotros no queda otra más que “bajar”. Bajar de la posición, bajar de la plenitud, bajar de la intimidad, bajar de la relación, bajar del gozo, bajar de condición. Y al bajar, inevitablemente, entramos en lugares a los que no pertenecemos, en los que no encajamos, porque fuimos creados, elegidos y llamados para otra cosa.
Tercero: “Encontró un barco que zarpaba rumbo a Tarsis”. El engaño de la confirmación. Buscamos señales más que dirección divina. Nos apoyamos en los acontecimientos más que en la fe. Creemos al análisis de los hombres más que a la palabra de Dios… ¡Qué casualidad! Justo había un barco… Dios acomoda las cosas. Cuando en realidad es sencillamente el cumplimiento de: “El que quiere hacer algo encuentra la manera; el que no quiere hacer algo, encuentra la excusa.” En este caso, ambas. El barco fue excusa y manera.
Cuarto: “Pagó su pasaje”. Si seguir a Cristo cuesta, no seguir a Cristo ¡cuesta! ¿Vos creías que te iba a salir barato? Es como con la mentira, sostener una mentira te obliga a seguir fabricando mentiras. Es como con las sectas, para creer en la doctrina de una secta necesitás “más fe” que para creer en Dios. Capaz estás diciendo: “¡Ah pero para servir a Dios también tengo que invertir tiempo, esfuerzo y dinero!”. Claro, invertís, y será cosechado lo que sembraste. Pero lo que gastás par alejarte, solo va a traer confusión y dolor. También a Judas le costó su vida, alejarse de Dios.
Quinto: “Huyó del Señor” ¿Huyó del Señor? Cuando el llamado es personal y específico, cuando Dios tiene un plan con vos para que seas vos el que lo ejecute, cuando Dios quiere usar tu vida como herramienta y al mismo tiempo para procesarte y perfeccionarte, no hay manera de escapar del ojo de Dios. “El Señor recorre con su mirada toda la tierra y está listo para ayudar a quienes le son fieles. De ahora en adelante tendrás guerras, pues actuaste como un necio” (2 Crónicas 16:9) Si seguís leyendo Jonás vas a ver como Dios no sacó sus ojos ni sus manos de encima de él, sino que “La palabra del Señor vino por segunda vez a Jonás:…” (Jonás 3:1) diciendo lo mismo que al principio.
Jesús fue muy claro con Pablo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos 26:14).
No pelees con Dios. No te resistas al trato ni al llamado. No rechaces tu voz ni endurezcas tu corazón. No sea cosa que termines haciendo lo que tenías que hacer, pero arrastrándote por los daños…
Solo un pensamiento, bah… me pasé hoy, más que devocional es una prédica. Te la regalo si querés.
Que tengas un excelente día! 🙂
