A medida que pasan los años nos vamos adaptando a tiempos, modas y formas. ¿Está mal? En absoluto, creo que la iglesia tiene la responsabilidad de “adaptarse sin amoldarse” para poder seguir siendo luz y mostrar el camino a la salvación y a la plenitud. Sinceramente hacer lo contrario sería caer en la religiosidad tradicional de aquellos que para servir a Dios vivían encerrados en monasterios, con el fin de no contaminarse. Es un tema a debatir, pero será en otra ocasión.
El peligro de la adaptación es cuando vamos cambiando valores. A ver… está bien cambiar criterios, está bien cambiar formas, pero no está bien cambiar valores. Así como Dios no cambia, lo que Dios dice que no va, no va; y lo que Dios dice que va, va. ¿Clarito?
Al principio todo era pecado. En la edad media decir que la tierra giraba alrededor del sol era pecado. No tan atrás, comer algunas comidas… era pecado. Un poco más acá, escuchar determinado estilo musical o usar tal o cual instrumento… era pecado. Después nos dimos cuenta que no es así (nos dimos cuenta, ¿no?) y empezamos a llamar pecado a lo que es pecado. Tanto lo simplificamos… que en la mente del cristiano el pecado se reduce a tres grandes grupos: robo, mentiras, sexo.
Pero como hablamos de adaptarnos, tenemos que entender que al mismo tiempo van surgiendo nuevas variedades, aumentan las opciones; la tecnología nos presenta un mundo inimaginable y con eso, también ¡incontables maneras de pecar! En realidad, en vez de pensar en robo, mentira y sexo, deberíamos pensar en “la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida” (1 Juan 2:16)
Porque hay cosas que no cambian, y muchas veces buscamos lo grande y manifiesto en vez de reconocer lo pequeño y sutil. A veces evitamos robar o mentir, pero ¿qué hay en el corazón? Por eso es que Jesús puso más énfasis en el adulterio en el corazón que en la práctica del mismo (Mateo 5:28) y Pablo dice que la verdadera circuncisión es la de, también, el corazón (Romanos 2:28). Porque no todo lo que se dice pecado es pecado ni todo lo que no parece serlo deja de serlo.
Habacuc menciona una situación de estas, y es de las que te deja regulando, pensando, te confronta. Porque no habla ni de sexo, ni dinero, ni poder, ni mentiras, ni adulterio sino sencillamente de quitar a Dios del primer lugar:
Habacuc 1:11 “…su pecado es hacer de su fuerza un dios.”
Confiamos en nuestra capacidad, nuestro entendimiento, nuestra experiencia o como en este caso, en nuestra fuerza. Dejamos de depender de Dios porque podemos por nuestros medios. Dejamos de pedir guía, consejo y dirección, ¡porque ya sabemos como hacer! y solo pedimos bendición sobre la decisión tomada.
No todo lo que se dice pecado lo es y no todo lo que no parece ser deja de serlo sino que como dice Proverbios “examinemos la senda de nuestros pies” (4:26) para que “nuestros caminos sean rectos”.
¿Dónde está tu confianza? ¿Dónde tu esperanza? ¿En qué te apoyás cuando vas a tomar una decisión? ¿Qué te da la seguridad antes de tomarla?
No todo lo que se dice pecado lo es y no todo lo que no parece ser deja de serlo. No confíes en tus fuerzas más que en Dios, porque… “¡Maldito quien confía en sí mismo! ¡Maldito quien se aleja de mí!” Dice el Señor (Jeremías 17:5).
Que tengas un excelente día!

cómo dependemos de Dios y maldito el que confía en hombre también hermoso mensaje amado. Me encanto por que cuantas veces nos la creemos y hasta nos agrandamos bajando a Dios de su lugar. Le bendigo gracias. Por compartir y enseñarnos cómo Deve ser
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Qué importante por eso mismo estar atentos a la manera y lugar que estamos recorriendo!
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