A sus pies…

Hoy es uno de esos días (me pasa seguido) en los que termino discutiendo conmigo mismo sobre qué pasaje elegir. Siempre me enfoco en lo que Dios me habla, pero a veces, es en más de un texto donde Dios me habla. Realmente no quería escribir sobre este que elegí, pero cuando me puse a escribir sobre el otro, no salía ni una palabra.

Te presento un debate histórico dentro de la iglesia: ¿cantidad o calidad? Esto puede llevar a críticas y discusiones y obviamente ambas posturas tienen su razón y fundamento. ¿Pocos pero buenos? o ¿Malos pero muchos? Sí, suena drástico, o extremista, pero es solo para marcar las diferencias.

Si nos enfocamos en el llamado a la Gran Comisión, el mandato es “alcanzar naciones”, si pensamos en el viñedo, a “llevar mucho fruto”, si miramos a Abraham, en “las estrellas del cielo” o “las arenas del mar”, por lo tanto no queda ninguna duda de que debemos apuntar a los muchos.

Pero si pensamos en la parábola de las bodas, no todos estaban listos; si miramos el sermón del monte, y lo comparamos con el aposento alto, de 5000 solo quedaron 120; si miramos al Israel de David, 11 tribus se alejaron y solo una permaneció. ¿Entonces? Entonces creo que no pasa tanto por la cantidad sino por otro lugar que tampoco tiene que ver con la calidad. Pasa por la actitud, por el entendimiento, por el compromiso, por la adoración.

Dice Apocalipsis 11:1 “Se me dio una vara que servía para medir y se me ordenó: «Levántate y mide el templo de Dios y el altar, luego cuenta cuántos adoran allí.”

Nos habla del tiempo futuro, de la eternidad, de la iglesia reunida bajo el reinado de Cristo, donde lo importante no es la cantidad, o sí, pero no de cuántos había sino de cuántos ¡y cuánto! adoraban…

El verso siguiente no se queda atrás sino que dice: “Pero no incluyas el atrio exterior del templo;…” (11:2). En el atrio exterior era donde se reunía la cantidad de los “creyentes”, aquellos que se acercaban para presentar sus sacrificios, los que presenciaban los cánticos del coro en las gradas. Pero no eran contados.

Lo importante es el que adora. Ya le dijo Jesús a Marta, que la que iba a quedar en la historia era María, por estar sentada a sus pies. Ya también dijo Jesús que lo importante no era la mesa de banquete sino quien lavaba y secaba sus pies (parece que hay algo con los pies). Bueno, por algo dicen que “a sus pies hay paz, gracia y bendición, a sus pies tendrás luz y dirección” (J.A.Romero)

Lo importante es adorar. Es más… ¡más importante que la oración! Porque la oración puede enfocarse en mi petición, pero la adoración solo se enfoca en él.

Cuando te presentás ante Dios ¿de qué lado estás? ¿te quedás en el atrio o entrás a adorar?

No miremos solo los números. No nos detengamos ante la cantidad. No nos enfoquemos en cuántos somos sino en cuánto lo adoramos a él.

¡Ah! ojo… a la que iban a recordar era a María, pero también hablamos de Marta, así que nadie se olvidó de ella… ¡eh!

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