H2O

Dos átomos de hidrógeno, uno de oxígeno. ¿Qué tiene de particular?

A lo largo de todo el mundo, en distintas culturas y épocas, la civilización tuvo una íntima relación con el agua. Cuando hubo movimientos de gente de un lugar a otro, ya sea colonizaciones o simplemente en busca de un futuro mejor, procuraban instalarse cerca de un curso de agua. Incluso, si eso no era posible, cavaban pozos para asegurarse de tener este sustento vital.

Porque el agua es imprescindible para la vida. El agua contiene microorganismos que colaboran con el metabolismo humano y al mismo tiempo minerales y vitaminas que hacen al crecimiento. Dicen que el 70% del cuerpo humano está conformado por agua y seguramente por eso mismo “el agua llama al agua”.

En lo personal no puedo arrancar mi día sin tomar un vaso de agua. Debe ser una manía o una rara idea, pero siento que despeja mi respiración, que me despabila y me reanima.

Bueno, ni hablar entonces cuando se trata de un día de mucho calor. El agua es imprescindible. Para tomarla o para refrescarte ¡cuánto más para zambullirte! ¡Qué bueno es tirarse a una pileta para bajar tu temperatura y relajarte!

El agua también es vital para las plantas. Nada crece donde no hay agua y si algo crece, seguramente tiene agua dentro de sí que se autoalimenta. ¿Nunca viste lo que le pasa a una flor medio caída cuando recibe un poco de agua? Si no murió, se levanta, “se refresca y renueva”. ¿Y la tierra? La tierra se fertiliza asimismo con el agua, que le da los nutrientes que necesita y activa a las semillas para poder germinar.

El problema está a veces con esos terrenos tan secos que ya están cuarteados. Esa tierra que solo parecen bloques de polvo endurecido, que les tirás agua y el agua “resbala” porque ya no la puede recibir. Claro, hasta que insistís y entonces se rompe esa capa de polvo viejo y la tierra vuelve a la vida.

La Biblia dice que Jesús es el “agua de vida” (Juan 4:14), que es una “fuente de agua que salta para vida eterna” (Juan 7:38). Es más, dice que así como “el ciervo brama por las corrientes de agua, clama nuestra alma por la presencia de Dios” (Salmo 42:1 versión propia).

También dice el Salmo 143:6 “Hacia ti extiendo las manos; me haces falta, como el agua a la tierra seca.”

Llega fin de año y uno suele llegar ya sin fuerzas, agotado, estresado, cansado. Tal vez como la flor casi marchita, con los brazos caídos y mirando el piso, o tal vez no, juntando fuerzas para terminar el 24 y arrancar el 25 con el doble de fuerzas.

¿Estás cansado? ¿Te sentís agotado? ¿Se terminaron tus fuerzas? ¿Estás “pasado de rosca”? ¿Estás caído? ¿Te sentís “seco”? Sea como sea, acercate a Dios, tan solo extendé tus manos y ahí está él, como un vaso de agua fresca, listo para renovar tus fuerzas.

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