“Navidad llegó y llegó la paz
Y sobre la tierra hay felicidad.
Navidad llegó y llegó el amor
Y en los corazones vibra la emoción.”
Así dice la traducción al español de la vieja Jingle Bells, la popularísima canción de Navidad que trascendió tiempos, lenguas y culturas (¿sabías que es una canción alemana del s.XIX?), “Navidad llegó y llegó la paz… y llegó el amor…” Sí. La Navidad llegó.
Dicho así suena a que era algo muy esperado, pero en realidad nadie se lo esperaba. Todo el pueblo judío tenía la idea del “yo seré su Dios”, pero ni les pasaba por la cabeza que ese Dios se hiciera presente en carne y hueso. Es algo similar a lo que nos pasa a los cristianos con el Apocalipsis: hay interpretaciones de todo tipo, algunas tan distintas que se oponen totalmente a otras. Como con el viejo dicho de “cada maestrito con su librito” según la orientación cristiana, la doctrina, la denominación, tendremos diferentes pensamientos y posturas. Es más, hace muchos años dejé de discutir sobre Apocalipsis cuando, estudiando, descubro que existen ocho posturas doctrinales bíblicamente correctas sobre el arrebatamiento, segunda venida y últimos tiempos, y que estas ocho se oponen entre sí.
No podemos afirmar lo que todavía no vemos con claridad ni debemos hacer doctrina basada en nuestra contexto racional, social, cultural.
Volviendo al punto: sí, Dios iba a estar con su pueblo pero… ¿nacer como un bebé? Eso no daba ni para mito fantasioso. Si nace no puede ser Dios. Pero Jesús nació. Dios hecho hombre nació. Dios con nosotros nació “…y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14b)
El nacimiento es el cumplimiento de la profecía de Isaías, de que la virgen tendría un hijo (7:14), pero es el cumplimiento de Levítico 26:12 “Caminaré entre ustedes. Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo.” Porque eso es lo que hace majestuoso, admirable, impensado y milagroso al nacimiento. No la virginidad, no la estrella en Belén, no los reyes de oriente, no el arcángel con los pastores, mucho menos la integridad de José, la entereza de María o la misericordia del que prestó el establo; lo que lo convierte en sobrenatural es “y dará a luz un hijo y lo llamará Emanuel” (Isaías 7:14) pero como lo dijo Mateo: “…y lo llamarán Emanuel» (que significa «Dios con nosotros»)” (Mateo 1:23)
Dios con nosotros. Dice Gálatas 4:5 “para rescatar a los que estaban bajo la Ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos.”
Dios con nosotros. Para cambiar nuestra condición y destino.
Dios con nosotros. Para abrir el camino a la eternidad.
Dios con nosotros. Para salir de la oscuridad.
Dios con nosotros. Para no ser huérfanos.
Dios con nosotros. Para tener propósito.
Dios con nosotros. Para ser hijos.
Te digo la tradicional: no seas como los mesoneros (hoteleros) que no dieron lugar a María embarazada y se perdieron al Dios nacido. Sé como el granjero que abrió su establo y recibió al Cristo en su propiedad.
¡Feliz Navidad! 🎄🎄🎄
