“Ya es tiempo de sentar cabeza” te decían; “tenés que establecerte”, te decían; “dejá la guitarrita y buscate un trabajo en serio”, te decían; “no gastes en pavadas, ahorrá para comprar tu casa”, te decían. Todas cosas realmente ciertas, correctas y necesarias. Todas, cosas que señalan la madurez, o empezar a madurar porque “llegás a grande y ya tenés que tener tu vida hecha para sentirte realizado”, te decían.
Pero si bien es así, no es esa la clave de la vida ni de la madurez sino que madurar pasa por otro lado, por la capacidad de tomar decisiones y hacerte responsable de tus actos (y sus consecuencias)
A veces nos aferramos a cosas seguras y firmes. “Es mejor tener un sueldo que un negocio”, te decían, pero también “es mejor ser tu propio jefe” ¡te dicen! Ambas cosas son buenas, con sus pro y sus contras, pero a decir verdad, ninguna de esas es segura.
Es que, hay cosas que parecen muy firmes y permanentes pero en realidad nunca sabemos qué depara el futuro. Por supuesto que si jamás planificás para tu futuro, no esperes prosperidad y seguridad, pero planificar para tu futuro tampoco te lo garantiza (aunque vas por mejor camino)
Podría darte cientos de ejemplos de empresas quebradas con empleados en la calle, cuando ya tenían su “futuro asegurado”; podría darte cientos de ejemplos de los vaivenes políticos y económicos de nuestro país, donde de repente, perdiste tus ahorros o tus aportes jubilatorios.
En definitiva lo único seguro es lo que edificamos en Dios, “donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar” (Mateo 6:20)
Dice Apocalipsis 21:1 “Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar.”
No pongas tu confianza en lo material.
No pongas tu confianza en lo terrenal.
No límites tu futuro a pensar tan corto, tan cerca, como en tu jubilación…
Hacé planes para el cielo, porque todo lo seguro, va a cambiar.
