“La honra sella la bendición.” No. No es una frase bíblica y no sé si la dijo alguien antes. Se me acaba de ocurrir.
Pensaba con esto en la moda de “pactar la bendicion” y “sellar la palabra” y me dije: ¿estoy diciendo lo mismo? Pero no. No pasa por ahí.
Con esas prácticas te hacían poner plata para que, de esa manera, Dios pusiera un candado a la palabra o promesa que te daba. Realmente no encuentro en la Biblia un caso así, donde fuera necesario dejar una garantía para poder recibir lo que Dios nos quiere dar.
Definamos “honra”. ¿Qué es honrar? El Salmo 50 dice que “El que sacrifica alabanza honra [a Dios]” (v.23), lo que explica Hebreos 13 diciendo que sacrificar alabanza significa “confesar el nombre del Señor” (v.15), lo que también significa reconocer al Señor (Mateo 10:32-33); por lo tanto después de esta secuencia de regla de tres, honrar a Dios significa reconocerlo. En medio va la gratitud, porque dar gracias es una manera de reconocer y porque el Salmo 50 en una versión moderna remplaza “sacrificar alabanza” por “ofrecer gratitud” (Salmo 50:23 NVI)
Así que reconocer y agradecer es lo que honra a Dios. Lo que hace que su nombre sea exaltado. Lo que hace que se conozca lo que él hace. Lo que hace que la gente se entere de las cosas que puede recibir de parte de Dios y cuán poderoso es Dios. Ya lo dijo Pablo: “¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien predique?” (Romanos 10:14)
Volviendo al punto, la honra sella la bendición. Dar gracias sella la bendición. Reconocer a Dios sella la bendición. Contar lo que Dios hizo y lo que Dios hace sella la bendición. ¿Y qué pasa si no hay honra?
Bueno, si no hay honra no hay reconocimiento, si no hay reconocimiento no hay agradecimiento, si no hay agradecimiento no hay tampoco entendimiento de que Dios hace todas las cosas y todo viene de él. “Todo viene de ti y todo vuelve a tí, ¡tú mereces gloria…!” ¿La conocés?
Pero si no honro a Dios también la bendición se puede convertir en maldición, porque si no honro a Dios no estoy reconociendo que lo hace él y puedo dar a entender que lo hice yo. Si no honro a Dios no estoy contando lo que Dios hace, porque es mejor decir que fue mi esfuerzo, mi trabajo, mi experiencia, mi capacidad, o peor… que fue algo natural o fue casualidad.
Dice Malaquías 2:2 “Si no me hacen caso ni se deciden a honrar mi nombre —dice el Señor de los Ejércitos—, les enviaré una maldición y maldeciré sus bendiciones. Ya las he maldecido, porque ustedes no se han decidido a honrarme.”
¿Sabías que Dios es celoso, no? Éxodo lo dice bien clarito: “No adores a otros dioses, porque el Señor es muy celoso. Su nombre es Dios celoso” (34:14).
No dejes de honrar a Dios.
No dejes de glorificar su nombre.
No dejes de reconocerlo.
No dejes de confesarlo.
No dejes de publicar lo que él hace.
No dejes de darle a Dios el lugar que Dios merece, porque…
“todo viene de él y todo vuelve a él”.
