Vivimos en un sistema cíclico donde todas las cosas se repiten. Me divierte ver a muchos en la calle usando esos “nuevos” auriculares enormes mientras van escuchando música y recuerdo cuando dejamos de usarlos, allá por los 80, porque ya eran anticuados. Lo mismo se dice de las modas, que “todo vuelve”, que no tires la ropa de la abuela porque en algún momento la vas a reciclar. En algún punto, todo se reinicia, claro que con pequeñas modificaciones. Bueno, ya lo dijo Salomón, que “La historia no hace más que repetirse; ya todo se hizo antes. No hay nada realmente nuevo bajo el sol.” (Eclesiastés 1:9 NTV)
Obviamente, como pasa con las cosas pasa con la gente. Podemos ser muy modernos y progresistas pero las emociones y sentimientos funcionan del mismo modo que lo vivían los antiguos. Y con antiguos no me refiero a tus padres o abuelos, sino a los de 2.000, 5.000, o no sé cuántos miles de años atrás. Ya que nombro a Eclesiastés ¿nunca te encontraste diciendo algunas de sus frases como si fueran la gran revelación de hoy?
Desde el día en que fuimos creados estamos delante de una decisión. Para todo lo que hacemos, en todo lo que nos involucremos, incluso el involucrarnos, todo depende de una decisión. Elegimos qué ropa nos ponemos, qué comemos, qué bebemos. Elegimos con quién nos relacionamos, con quién nos juntamos, con quién “emparentamos”. Elegimos a quién escuchamos, a quién seguimos, a quién hacemos caso. Muchas veces no se trata de una obediencia ciega o sumisión, sino tan sencillo como a quién le permitimos que influencie en nuestros pensamientos, de los que se forman las ideas, las acciones, los proyectos.
Tal vez no le damos mucha importancia pero con quién nos juntamos y a quién escuchamos es crucial para nuestro desarrollo como personas, como adultos, como cristianos.
A veces le prestamos más atención a los afectos que a la razón. Porque fulanito me dijo tal cosa le hago más caso que al consejo de mis mayores. ¡Ni qué decirte si se trata de alguien con quien nos relacionamos sentimentalmente! El enamoramiento y la pasión son el enemigo de la razón y por prestarle atención podemos caer en el error y sufrir las consecuencias.
También Salomón dijo que atender al consejo “nos da años de vida, nos guía por el camino correcto y evita los obstáculos en nuestro caminar” (Proverbios 4:10-12 adaptación propia).
Por eso Adán provocó el quiebre del plan de Dios y condenó a toda la humanidad a ser arrastrados a la perdición. Fue Adán el disparador para activar el plan de salvación, para una humanidad que se dirigía al fracaso. ¿Y cómo lo hizo? Simplemente por sus decisiones.
Dice Génesis 3:17 “Puesto que accediste a lo que te dijo tu mujer, y comiste del árbol del que te ordené que no comieras, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.”
Trabajo esforzado, tierra maldita, esterilidad, muerte y falta de fruto. Todo fue y es el resultado de ignorar las órdenes de Dios y escuchar la opinión que seducía su mente y corazón. Sí, ese corazón engañoso, y no se trata de empezar el debate sobre sujeción o machismo sino tan simple como la decisión de obedecer o ignorar lo que Dios nos dice, lo que nos manda hacer y lo que dice que no.
Hasta el día de hoy ¿no sigue siendo igual? Otra vez, no quiero enfocarme en las relaciones de pareja ni apuntar para Proverbios 5 o 7 que nos muestran qué fácil es para el varón ser seducido o desviado; ni tampoco quiero señalar a Proverbios 6, que nos dice que “el hombre es reducido a un pedazo de pan y la mujer caza la preciosa alma del varón” (6:26), sino al peligro de decidir escuchar otra cosa fuera de las instrucciones de Dios.
¿Qué estás escuchando?
¿A quién estás escuchando?
¿A dónde te lleva lo que escuchás?
¿Seguís examinando “la senda por donde andás”?
¿Qué dice Dios acerca de los caminos que estás transitando?
Tus decisiones ¿te acercan o te alejan al lugar al que Dios te quiere llevar?
¿Estás repitiendo actitudes o errores del pasado?
Dice un slogan de normas de tránsito que “mejor es perder un minuto en la vida, que la vida en un minuto”. Así, del mismo modo, no perdamos, por las pasiones de un momento, una eternidad gloriosa ni un futuro en plenitud.
¡Que tengas un excelente día! Y un excelente 2025
