Pasaron las fiestas, ya pasó Navidad, ya pasó Año Nuevo y con ellos quedó atrás el stress de organizar las despedidas, las salidas con amigos, la reunión familiar, la comida. ¿Quién trae el vittel toné? ¿Y la rusa? ¿La ensalada de frutas? ¿El helado? ¿Buffet frío o asado? ¿Pan dulce con o sin frutas? ¿Y con chocolate? ¿Sidra, Ananá Fizz o Champagne? ¿Rompeportones o chasqui boom? ¡Y eso que no menciono las compras! ¿Juguetes o ropa? ¿Plata? Y ni que hablar de las colas en los negocios.
Para la iglesia diciembre también es un mes distinto, se suspenden todas las actividades de los ministerios: niños, adolescentes, jóvenes, mujeres, hombres, se despiden hasta entrado Febrero o Marzo. En diciembre todo el foco está puesto en la última reunión del año. No, no nos olvidamos de Navidad, tenemos la celebración especial, pero nos enfocamos en la despedida con los obreros y en la reunión especial de Acción de Gracias, ese tiempo donde compartimos testimonios y hacemos una declaración para el año entrante: “2025, año de nuevas etapas”.
Pero ojo, no terminaron las corridas todavía. La ciudad empieza a estar más vacía porque ahora le toca el turno a las vacaciones. Los que no salieron antes de las fiestas, ya están por irse. También para la iglesia son dos meses flojos, entre los que se van y los que vuelven, recién en marzo arrancamos con fuerza.
Los que no se fueron están con sus preparativos: pasajes, alquileres, preparar el auto, revisar la documentación, llevar mercadería, qué hacer con las plantas y las mascotas, tener preparada una reserva de dinero, etc. ¿Descanso? El descanso también provoca stress.
Alguien dijo alguna vez que “la vida es lo que pasa entre éxitos y fracasos”. También diría “entre el stress y el stress”. ¿Nunca te pasó volver de las vacaciones y decir “necesito vacaciones para descansar de las vacaciones”? ¿No te pasó volver más cansado de lo que te fuiste? El descanso también puede provocar stress y más cuando ponemos toda la esperanza y expectativa en descansar.
Así le pasó a Lamec. Lamec fue profeta sin saberlo. Siguiendo la costumbre de su pueblo le puso a su hijo el nombre según lo que él pensaba que este hijo iba a ser o hacer en su vida. Dice Génesis 5:28-29 “Lamec vivió ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo, al que puso por nombre Noé, pues dijo: «Este niño nos hará descansar de las obras que tenemos que hacer con nuestras manos, por causa de la tierra que el Señor maldijo.»” Y realmente fue así pero Lamec ni se imaginaba de qué manera este hijo le iba a dar descanso.
No hace falta que conozcas acerca de la biblia ni que hayas leído mucho para saber quién fue Noé. Es uno de esos personajes que trascienden tiempos y culturas y de una u otra forma estamos al tanto del diluvio y del arca. Noé fue el hombre a quien Dios usó para restaurar la humanidad a partir de la destrucción que Dios mismo iba a traer.
De paso, un detalle interesante: precisamente Noé fue “usado”. Siempre nos enfocamos en cómo Dios lo llamó, en que “halló gracia delante de Dios” (Génesis 6:8), en que Dios puso sus ojos en él porque era un “hombre justo” (Génesis 6:9), en que Dios lo rescató del medio de una generación que estaba totalmente perdida, perversa; pero en realidad lo que Dios hizo con Noé fue llamar a alguien que le servía para su propósito, alguien que era útil y funcional a su plan y con el cual hizo un pacto.
Por eso le dijo: “contigo estableceré mi pacto y entrarás en el arca con tu esposa, con tus hijos y las mujeres de tus hijos y con las parejas de animales” (Génesis 6:18-19) para empezar una nueva humanidad, una nueva creación.
Así que cuando pienses pactar con Dios tené en cuenta que Dios solo firma pactos que sean funcionales a su plan. Tené en cuenta que, si vas a pactar con Dios, entonces Dios te va a empezar a usar para sus propósitos. Tené en cuenta que las cosas de Dios no son a tu manera sino solo y siempre a la manera de Dios. Tené en cuenta que, si Dios te elige, no es porque seas especial, sino porque los demás son peores que vos.
No tengas expectativas basadas en tu razonamiento.
No hagas planes sin incluir los planes de Dios.
No pactes con Dios para tu beneficio.
No esperes que Dios haga las cosas a tu manera.
Noé halló gracia. No se lo merecía, pero Dios lo eligió. Noé trajo descanso, pero a la manera de Dios. ¿Todavía querés descansar?
“Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Pero los que hemos creído entramos en el reposo” (Hebreos 4:1-3) “…vuelve a determinarse un día, «Hoy», al decir después de tanto tiempo, por medio de David: «Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan su corazón» (Hebreos 4:7). “…De modo que aún queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que entra en su reposo, reposa también de sus obras, como Dios reposó de las suyas” (Hebreos 4:9-10).
Que tengas un excelente día. ¡Y un excelente descanso!
