Procesos

“Todo tiene su tiempo” dice la Biblia (Eclesiastés 3) y “el que espera, desespera” dice el refrán. Obviamente que la palabra de Dios tiene más peso que un dicho popular, pero también es cierto que mientras caminamos hacia la perfección, todavía estamos revestidos de carne y hueso. ¿Viste cuando tenés muchas ganas de… y te la vas aguantando hasta llegar a tu casa, pero cuando estás abriendo la puerta parece que ya no aguantás? Bueno, así. El que espera, desespera.

Son esos momentos en los que pensamos que ya todo se terminó. Esas situaciones en las que, tal vez, decidimos bajar los brazos. Como Pedro en la cárcel, entregadísimo y atado con grilletes y cadenas, de tal manera que un ángel le tuvo que “pegar en el costado” para hacerlo reaccionar (Hechos 12:6-7) -y aún así pensaba estar soñando- (Hechos 12:11).

Porque ya estaba resignado, esperando la muerte, enfocado en el problema, encerrado, sin luz, sin ver la salida. Cuando estás así tu visión falla, tus ojos se adaptan a la oscuridad, y eso es bueno, pero solo para permitirte ver en más detalle la condición de tu prisión. Te enfocás en el problema, maximizás la situación, las tinieblas te rodean y encima, sumado a la falta de oxígeno, tu cabeza empieza a divagar…

Aparece el temido “Ya está”, “Se terminó”, “Ya todo acabó”, “No hay salida”… y como la fe es la capacidad de ver lo que no se ve (igual que el temor), empezás a ver fantasmas, a imaginar lo peor. Como Elías ¿te acordás? (1 Reyes 19:10)

Pero (amo que siempre haya un “pero”) así como las cosas de Dios no son a mi manera, sino a la manera de Dios y eso aplica para todo, Dios es el que tiene la última palabra y en el momento indicado se abre una ventana y se hace la luz. No es en mis tiempos, es en los tiempos de Dios. ¿Otra vez? No es a mi manera, es a la manera de Dios.

Dice Génesis 8:6 “Al cabo de cuarenta días Noé abrió la ventana del arca que había hecho,…” 40, en la Biblia, habla de proceso. 40 años en el desierto, 40 días de ayuno, 40 era el máximo de azotes, 40 días duró el diluvio. Este es un Año de Procesos Terminados. ¡Este es el día 41! Es el tiempo en que, aunque tal vez ya no veías la salida, se abre la ventana que da paso a la luz. Como dijo Mateo que “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; a los que vivían en región de sombra de muerte, les resplandeció la luz” (Mateo 4:16).

A veces, hace falta un activador. En el caso de Noé fue la lluvia. Dejó de llover y abrió la ventana. Dice también Mateo que “cuando Jesús se enteró de que Juan estaba preso, volvió a Galilea” (Mateo 4:12). Situaciones, actitudes, eventos que mueven la mano de Dios y abren paso a la nueva etapa, después de un proceso terminado. No. La Biblia no dice que “la fe mueve la mano de Dios”, pero sí dice que “al que cree, todo le es posible” (Marcos 9:23)

No te enfoques en tu problema.
No te detengas ante los obstáculos.
No llames perdido ni a lo perdido.
“No te des por vencido, ni aún vencido” (Almafuerte)

Dios es Dios de más de una segunda oportunidad, y en el momento apropiado, cuando termina el proceso, cuando menos lo esperes (¡pero esperalo!) se abre la ventana y entra la luz.

Que tengas un excelente día!

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