La cuarentena es un método inventado en el siglo 14, para detener el avance de la peste negra, una enfermedad que hizo estragos en Europa en la Edad Media. La estrategia era que el enfermo quede aislado para no estar en contacto con el sano para evitar el contagio.
Originalmente no se llamaba cuarentena, era el “trentino”, porque duraba 30 días. Después se extendió a 40 y ahí aparece el nombre de “cuarentena”.
El concepto de cuarentena después se aplicó a otros usos, por ejemplo hasta no hace mucho, una pareja que daba a luz un hijo entraba en “cuarentena”, cuarenta días de abstinencia sexual para permitir la recuperación física de la madre.
En el pasado reciente también tuvimos una cuarentena, que de cuarenta no tuvo nada porque duró casi dos años, durante la pandemia de Covid 19. Seguramente fue apropiado. Seguramente detuvo el avance de la enfermedad, pero el abuso trajo más problemas que soluciones.
-El encierro desnudó conflictos matrimoniales, aumentaron los divorcios.
-Se incrementaron las consultas sicológicas, aumentaron la ansiedad y los ataques de pánico.
-Se perdieron cientos (o miles) de empleos y se cerraron otros tantos comercios.
Definitivamente el encierro tiene consecuencias negativas:
-Damos vueltas en el mismo lugar, en la misma situación.
-Nos topamos todo el tiempo con lo que nos molesta o nos confronta.
-Perdemos noción del tiempo, todo el día es igual.
-Las pequeñeces se hacen grandes, y discutimos por pavadas.
-Nos agota la rutina, no vemos la salida.
-Se afecta nuestra visión, tanto física como mental.
-Vivimos en un ambiente de aire enrarecido.
Por eso Dios nos hace “salir afuera”. En la Biblia vemos un sinfín de situaciones en las que antes de una bendición, o una transformación, o un cumplimiento o aún una promesa, Dios nos saca de nuestro entorno, cambia el ambiente, cambia la visión y el enfoque.
Dice Génesis 15:5 “Entonces [Dios] lo llevó afuera, y allí le dijo: «Fíjate ahora en los cielos, y cuenta las estrellas, si es que las puedes contar. ¡Así será tu descendencia!»”
“lo llevó afuera…”
A veces tenemos que dejar de mirar lo que nos falta para ver lo que tenemos por alcanzar.
A veces tenemos que dejar de prestar atención al conflicto para ver la solución a la vuelta de la esquina.
A veces tenemos que cambiar el entorno, para tener una visión más clara o para cambiar de experiencias, opiniones y vivencias.
Génesis 13:14-15 “Después de que Lot se apartó de Abrán, el Señor le dijo a Abrán: «Levanta ahora tus ojos, y desde el lugar donde estás mira hacia el norte y hacia el sur, hacia el oriente y el occidente. Toda la tierra que ves, te la daré a ti y a tu descendencia para siempre.»“
Así como hay activadores: tu actitud, tu determinación, tu fe; también hay “inhibidores”, cosas, situaciones que frenan lo que Dios quiere hacer. ¿Qué hacer con ellos? Salí afuera, despedí a tu Lot.
¿Qué es lo que te bloquea? ¿Qué es lo que te detiene? ¿Qué es lo que te distrae? ¿Cuál es tu Lot y cuál tu encierro?
Alejate de lo que nubla tu visión.
Alejate de lo que impide tu crecimiento.
Alejate de lo que te aleja de Dios.
Alejate de lo que afecta tu fe.
Alejate de todo lo que impide que llegues a ser lo que Dios quiere de vos.
Que tengas un excelente día!
