Soy un defensor de la teoría de la evolución de las especies. No, no te asustes, no retrocedí, pero creo que Darwin fue todo un revolucionario para su época. Creo en el enfoque biológico de su teoría, creo totalmente en la adaptación sin afectar la esencia. Tal vez ahí nos diferenciamos. Darwin, genio, pero con sus conocimientos del siglo XIX tiró la idea de que las especies evolucionan entre sí, que (exagerando) un perro se puede convertir en elefante o que (no exagerando) un mono se puede convertir en humano.
Hoy ya nadie sigue esa teoría, pero la adaptaron. Repito, creo en la evolución y adaptación. Hoy dicen que descendemos de los reptiles, que a su vez descenderían de los peces, los que también evolucionaron en aves. Bue…. terraplanismo científico.
Creo en la adaptación porque lo que no se adapta se muere. Esto aplica a todo, a la biología y a los negocios: Blockbuster se negó a adaptarse y desapareció, Nokia se negó a incorporar android y se murió, Blackberry se sentía superior y perdió el mercado hasta no existir más, etc, etc. Así, igualmente, las especies tuvieron que evolucionar dentro de sí: los caballos prehistóricos eran del tamaño de un perro y los tigres, del tamaño de un elefante. Las jirafas necesitaron desarrollar cuellos largos porque su alimento estaba en altura. Podría seguir, pero esto no es un tratado científico.
Eso hizo Pablo cuando les predicó a los atenienses, sin dejar de lado sus principios se adaptó a los de ellos para hablarles de Cristo desde esa posición (Hechos 17:22-23). Adaptarse, sin amoldarse. Encajar, sin pertenecer. Como hizo Jesús que, siendo Dios se hizo hombre, para hablarle al hombre como hombre y llevarlo a Dios (Filipenses 2:6-8). Adaptarse, sin amoldarse, para seguir mostrando una vida transformada.
No se puede ser lo que no se es. Así como ¡no se puede no ser lo que se es! “Al árbol se lo conoce por sus frutos” ¿te acordás? Por lo tanto se espera de nosotros que demos el fruto de lo que somos. ¡Ah! ¿Qué somos? No se puede ser lo que no se es.
Dice Génesis 17:11 “Ustedes circuncidarán la carne de su prepucio, como señal del pacto entre nosotros.” ¿Por qué llevar una señal del pacto? ¿Por qué una marca en el cuerpo? ¿Por qué algo tan secreto y tan visible, tan notorio y tan escondido como una huella en la intimidad? ¿Acaso Dios busca oprimir por el temor? ¿Acaso Dios busca humillar? ¿No será solamente que Dios quiere que se sepa, que se note, que decidimos seguirlo a él? A ver ¿el bautismo es para salvación? ¿O para completar el proceso de santificación? El sello del bautismo es el testimonio público de la fe, no el sumergirte en agua, y por eso lo hacemos a la vista de todos, para que todos sepan que decidiste seguirlo a él.
¿Será que el bautismo es nuestra circuncisión?
No te avergüences de tu fe.
No te escondas en la multitud.
No ocultes lo que Dios hizo en vos y lo que hizo de vos.
Hacé visible tu fe, tu compromiso, tu convicción y tu decisión.
Hacé que Jesús hable bien de vos…
“A cualquiera que me confiese delante de los demás yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en el cielo. Pero a cualquiera que me niegue delante de los demás yo también lo negaré delante de mi Padre que está en el cielo.” (Mateo 10:32-33)
