“El pacto es más importante que la herencia.”
No me puedo sacar esa frase de la cabeza desde que hice mi lectura de hoy. El tema de la herencia en la Biblia es algo recurrente y muy notorio. Cuando leemos el antiguo testamento y aprendemos acerca de la “primogenitura” entendemos el valor que tiene la herencia tanto para Dios como para el hombre.
Lo hemos visto en las monarquías a lo largo de la historia, la herencia es fundamental. Era importantísimo tener un hijo varón para continuar el linaje o de lo contrario, otra familia se quedaba con el trono; era vital demostrar que el “heredero” era hijo legítimo del rey y no que fuera el fruto de alguna escapadita de la reina. Tan importante era el tema que incluso los “bastardos”, aquellos hijos nacidos de las amantes de los reyes, también tenían derecho al trono si no había un heredero legítimo. ¡Ay Dios lo que hubiera sucedido en la Edad Media de haber existido el análisis de ADN!
También lo vemos en el Nuevo Testamento en boca (o pluma) de San Pablo. Claro, ya no se mete con los linajes y es más, un poco que los ignora y menosprecia, pero usa el concepto para enseñarnos que “somos herederos y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17), que somos “herederos de la promesa” hecha a Abraham (Gálatas 3:29), que “heredamos la vida eterna” (Tito 3:7), y que eso lo tenemos porque “el Padre nos hizo aptos para participar de la herencia” (Colosenses 1:12), y ahí creo que está el punto más importante: No merecemos, pero se nos permite; no nos corresponde, pero se nos habilita.
“El pacto es más importante que la herencia”, porque si fuera por linaje o por ADN natural no tendríamos ningún derecho a recibir nada (bueno, no tenemos ningún derecho a recibir nada), pero Dios nos habilita por medio de un pacto, por un compromiso, por una decisión. En todas las cosas, en todo lo que tiene que ver con lo que Dios quiere hacer con nosotros, en todo lo relativo al propósito de Dios con nuestra vida y a nuestras metas para con Dios, se requiere de nuestra parte, se necesita un compromiso, es vital tomar una decisión.
En Génesis 22:18 Dios le dice a Abraham que “En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, por cuanto atendiste a mi voz.” No se trata solamente de ser parte de un cuerpo. No alcanza ni siquiera con creer. No depende tanto de un nivel de conocimiento o de experiencia. Mucho menos importan nuestras habilidades o dones; lo fundamental es “atender su voz”. Ese compromiso como el que también tomó Abraham cuando ¡se atrevió! a entregar a su hijo en sacrificio y Dios le responde con determinación: “Yo sé bien que temes a Dios, pues no me has negado a tu único hijo.” (Génesis 22:12)
El pacto es más importante que la herencia, porque también dice proverbios que “El siervo prudente se enseñoreará del hijo que deshonra, y con los hermanos compartirá herencia.” (Proverbios 17:2) lo que claramente nos muestra que el linaje, el ADN, el nombre, la posición, el derecho, etc… no son nada comparados con el compromiso, la entrega y la fidelidad.
El pacto es más importante que la herencia. Por lo tanto no te conformes con ser hijo, es necesario tomar un compromiso. No te acomodes en el linaje, es necesario trabajar por lo tuyo. No te confíes de lo recibido, es necesario permanecer. Es más ¡no te conformes con pertenecer! Es más importante permanecer.
“No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (San Mateo 7:21)
“El pacto es más importante que la herencia”
