La matemática es una ciencia exacta. Bueno, o debería. En realidad no sé si es tan exacta aunque está a la cabeza de las denominadas “ciencias exactas”. En parte porque, por ejemplo, 2+2=4 y por más vueltas que le dé al asunto, 2+2=4. O porque la geometría (me gusta decir que es la rama física de la matemática -invento mío-) dice que “la distancia más corta entre dos puntos es la recta”. O sea. Exactitud exacta.
El problema es que no siempre es así. Por ejemplo, la matemática enseña que “todo número multiplicado por cero es igual a cero” ¿Por qué? Bueno, porque es imposible multiplicar por cero. Si tengo una manzana y la replico “cero” veces, no tengo ninguna. ¿Y la que tenía? ¿Quién se la comió?
También dice la matemática que “todo número elevado a la potencia cero (x0) es igual a uno”, pero dice que “cero elevado a cualquier potencia (0x) es igual a 1″. Entonces… ¿Qué pasa si elevo cero a la cero? (00) Chau, ¡se rompió la matrix!
Así son las cosas de Dios. En definitiva Dios es el ingeniero de la matemática, la física y la geometría y lo que llamamos “milagros” no son más que “licencias o violaciones” a las leyes naturales de la física, las que por supuesto el autor puede modificar a su antojo.
Muchas veces he dicho que para Dios, “dos más dos no siempre es igual a cuatro, a veces es 3 y a veces es 5”, porque precisamente Dios no se maneja con principios naturales, sino con principios espirituales; por eso es que no debemos buscar soluciones racionales o naturales a situaciones o problemas que necesitan una solución espiritual.
Isaac estaba en problemas. Se venía una crisis económica. Había sequía y venía el hambre. Isaac busca ayuda y Dios le dice: “No vayas a Egipto. Quédate a vivir en la tierra que yo te diré.” (Génesis 26:2) ¿No era lógico ir a Egipto como había hecho su padre Abraham, y como (posteriormente) haría su hijo Jacob? ¿No es sabio buscar ayuda donde se la puede encontrar? ¿No es más que obvio ir al rico, al potentado, al fuerte, para pedir protección en tiempo de peligro? Sí, era lógico, sabio, obvio y coherente si querés; pero no era lo que Dios quería sino que tenía una lección clave para Isaac: “¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor” (bueno, eso lo dijo David, que vendría a ser un recontra tataranieto de Isaac, en Salmos 121:1, pero el punto es el mismo).
Isaac obedeció, ¿y sabés que pasó? “Isaac sembró en aquella tierra y Dios lo bendijo, y ese año cosechó cien veces lo sembrado.” (Génesis 26:12)
Como Jesús, que en Mateo 8:18 manda “cruzar al otro lado del lago” y cuando llegan al otro lado, después de salvarse de la tormenta de 8:23-26, en 8:28 se encuentran con dos endemoniados. O Jesús no estaba enterado de los peligros y de lo que iba a pasar, o Jesús estaba enterado de los peligros, lo que iba a pasar y como iba a terminar.
No cuestiones las decisiones de Dios.
No dudes ante la extraña obra de Dios.
No analices la dirección de Dios según la lógica o la razón.
Hacelo según su palabra.
No te creas sabio en tu propia opinión.
Que tengas un excelente día!
