Soy un tipo observador y detallista. Tengo el problema que me doy cuenta “al instante” cuando, por ejemplo, algo está mal escrito, tiene un error ortográfico, un conflicto de diseño; tengo una visualización fotográfica que me hace recordar en qué lugar se sienta la gente en la iglesia y por eso si se cambian de lugar me pierdo, lo mismo cuando algo no está en su lugar. Reconozco los estados de ánimo (no los estados de whatsapp, eh) me doy cuenta de que algo te pasa y con mucha frecuencia, de qué te pasa. Pero no me preguntes que tenía puesto fulano o qué decorado había en la escena de la película o el peinado de la conductora de la tele… ¡no tengo idea!
Creo que soy “detallista selectivo”, no porque elija que ver o darme cuenta sino porque me pasa así. Algunas cosas las veo, otras ni me entero.
Me parece que es algo similar al crecimiento de nuestros hijos. Estamos con ellos desde que nacen, vemos su día a día, acompañamos sus etapas, apoyamos su crecimiento, soportamos su adolescencia, con esfuerzo aceptamos su adultez y a veces con un poco de melancolía los despedimos en su independencia. Pero solo notamos esas etapas, cuando la anterior se terminó.
¿Viste cuando llega el pariente o conocido al que no ves hace mucho tiempo? Ese que te dice “¡Estás igual!” (te dice eso porque no se acuerda de cómo eras), ese mismo dice de tus hijos: “¡Cómo creció! ¡Está re grande! ¡Pero si era ‘así de chiquito/ta’ la última vez que lo/a ví!”. Bueno, así. Reconocen el cambio porque tenían solo la imagen anterior. A los padres nos cuesta ver ese cambio porque nos acostumbramos al mismo y lo acompañamos día a día.
Es la ventaja de la costumbre. ¡Es el peligro de la costumbre! Mirás a tu pareja y no te das cuenta de que se cortó el pelo, se cambió el peinado o se compró ropa nueva. Y ahí vienen los conflictos. Para vos, es la misma persona, la que ves desde hace años. Lo mismo pasa cuando, en medio de un gran esfuerzo, el otro va dejando sus malos hábitos, de a uno. Él ya no toma o grita o insulta o fuma o lo que sea…. pero seguís viendo lo demás y no te das cuenta del cambio. Ese cambio del que hablábamos ayer. Es la ventaja de la costumbre y el peligro de la costumbre.
La costumbre fue la que hizo que Zacarías y Elizabeth fueran estériles (Lucas 1:7,9). La costumbre hizo que Uza metiera manos donde no debía, provocándole la muerte (2 Samuel 6:6-7). La costumbre hizo que Nadab y Abiú mueran incinerados por abuso de confianza y familiaridad (Levítico 10:1-2). La costumbre baja el precio y quita valor a lo divino solo por el hecho de que “nos acompaña” todo el tiempo.
En Génesis 28:15 Dios le dice a Jacob: “Date cuenta de que yo estoy contigo”, algo como lo que dice Salomón en Proverbios 23:1 “Cuando te sientes a comer con algún señor, considera bien lo que está delante de ti,…” o como también dijo en Proverbios 3:6 “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”
“Darme cuenta de que Dios está conmigo” significa no olvidarme que está presente y mirando lo que hago.
“Darme cuenta de que Dios está conmigo” significa tener confianza de que ve y conoce lo que me pasa.
“Darme cuenta de que Dios está conmigo” es reconocer y honrar que “hasta acá me ayudó” (1 Samuel 7:12)
Date cuenta de que Dios está con vos.
Date cuenta de que Dios te sostiene.
Date cuenta de que Dios te provee.
Date cuenta de que Dios te bendice.
Date cuenta de que Dios te acompaña.
Date cuenta de que Dios es tu refugio, tu torre fuerte, tu castillo, tu libertador y que él está con vos “como poderoso gigante” (Jeremías 20:11)
Que tengas un excelente día!
