Detalles

Está mal que hable de mí en un devocional, pero a veces soy el candidato ideal para el sopapo.
Es que me viene al pelo, “como anillo al dedo”.

Ayer te hablaba de los detalles, que soy detallista, y que sin buscarlo encuentro fallas o errores donde otros no lo ven. Y eso hizo que en algún momento pensara y dijera la famosa “tengo que hacer todo yo”.

Qué bueno que Dios es bueno y que tiene misericordia de nosotros y de su plan para con nosotros. En definitiva, nunca nos olvidemos que “él cumplirá su propósito en mí” (Salmos 138:8) y no que “yo cumpliré mi propósito en mí”. Por lo tanto se encarga de que entendamos que, a veces, las cosas no son a nuestra manera (¿a veces?).

Claro. No siempre las cosas van a salir como esperamos. Siempre hay un margen de tolerancia entre lo que deseamos y lo que recibimos. Al mismo tiempo Dios nos hace entender que lo importante es el resultado, que vale más ser eficaz qué eficiente, que podemos ser muy buenos, detallistas y prolijos pero, si no alcanzamos el objetivo, ¿de qué te sirvió ser tan perfecto?

Lo importante es el resultado. Lo importante es alcanzar la meta. Lo importante es lograr tu cometido y no tanto molestarte por los errores o las falencias.

Dice Proverbios 14:4 “Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio, pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey.”

Si tenés que elegir, ¿con qué te quedás? ¿Con el rendimiento o con el establo limpio? ¿Qué es más productivo? ¿Qué es más beneficioso? ¿El orden y la limpieza? ¿O la ganancia por la cosecha?
Bueno, si te gusta la ganancia, aguantate el desorden del buey.

Sé detallista.
No seas maniático.
Sé perfecto.
No seas perfeccionista.
Sé productivo.
No seas ineficiente.
Sé tolerante.
No seas limitante.

Si todo lo tenés que hacer vos ¿quién lo va a hacer cuando vos no estés?

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