“El propósito es trascendente a la propia vida.” Eso creo que lo escribí hace algunos años y si no me equivoco está publicado en “Dicho Está”. Sí, es el #27 de ese libro. Creo que no es solo una frase y mucho menos una “frase motivadora”, sino que es la realidad. Cuando entendemos nuestro lugar y nuestra función, que estamos creados para algo, puestos en un lugar para algo, que tenemos “algo” por hacer, eso le da verdaderamente sentido a nuestra vida.
Siempre vienen a mi memoria las palabras de un personaje del cine y tv argentino, “Fatiga”, que después tuvo nombre propio “Minguito Tinguitella”, que en la película “Los muchachos de mi barrio” decía: “Trabajás, te cansás, ¿qué ganás?” y por lo tanto se dedicaba a hacer nada, terminando como indigente, un linyera.
El propósito es trascendente a mi propia vida porque es lo que le da sentido a mi vida y es lo que posteriormente queda de mí. Circula en estos tiempos una frase muy interesante que más o menos dice: “Cuando te nombran a Moisés, no pensás en el rebelde que golpeó la roca, sino en el libertador de una nación; cuando te nombran a David, no pensás en el que embarazó a Betsabé, sino en el que le escribía canciones a Dios y fue creado conforme su corazón.”
El propósito, tu propósito y el propósito de Dios en vos es lo que queda de vos y lo que seguramente resaltará en tu lápida (¿era necesario hablar de lápida?).
Así le pasó a Ester, cuando el tío/primo le dice y Marcela Gándara lo canta: “¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (Ester 4:14). Fue fundamental y definitorio el hecho que que Ester fuera la favorita del rey, para poder interceder y alcanzar liberación para su pueblo.
Pero no hablamos de Ester sino de José. ¡Qué tipo que las pasó! No quiero ponerlo a la altura de Job, porque los sufrimientos de Job fueron mayores y más graves, pero lo de José se prolongó mucho más en el tiempo. Se calcula que vivió esclavizado aproximadamente 17 años antes de escalar posiciones, lo que Dios tenía para él, lo que Dios ya le había mostrado aunque no lo entendiera, lo que era “su propósito”.
Es en esa posición y al encontrarse con sus hermanos que les dice: “no se pongan tristes, ni lamenten el haberme vendido, porque Dios me envió aquí, delante de ustedes, para preservarles la vida.” (Génesis 45:5) ¡Ni lamenten haberme vendido! ¿Vos te das cuenta de la entereza, madurez e integridad de José? Está cara a cara con los que le causaron los 17 años de desgracia y en vez de aprovecharse, vengarse, cobrarles el dolor; les dice que Dios lo llevó ahí para salvarlos a ellos, esos mismos que fueron su tortura.
Eso es entender tu propósito. Eso es poner en primer lugar tu función y llamado. Eso es hacer valer tu vida y no regalarla simplemente por una venganza o un dolor o un enojo. Eso es entender lo que realmente vale, qué es lo importante y qué va a quedar de vos.
Tal vez sea precisamente por considerar los años de esclavitud que nos impacta tanto la vida de José (o a mí nomás, capaz). Tal vez quedamos shockeados al verlo “poner la otra mejilla”, o capaz haber entendido que: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en los cielos.” (Mateo 5:44-45), o “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.” (Romanos 12:21)
El propósito es trascendente a tu propia vida y entender eso y entender cuál es, es la puerta que te lleva al desarrollo, la realización personal y la plenitud.
¿Para qué estás? ¿Cuál es tu función? ¿Estás buscando cumplir tu llamado y propósito? ¿Estás reconociendo ese propósito como prioridad para vos? San Martín le escribió a su hija: “Serás lo que debas ser, o sino, no serás nada.”
No permitas que tus miedos te alejen de tu llamado.
No permitas que tus dudas te distancien de tu lugar.
No permitas que tus broncas bloqueen tu propósito.
No busques venganzas personales ni placeres pasajeros.
“El propósito es trascendente a tu propia vida.”
