Equipaje

¡Qué complicada se hace la vida a veces! Hoy tengo uno de esos días donde las tareas se acumulan. Lo bueno es que es un día bendecido y productivo, no de esos que preferís volver a dormirte por lo denso que se pone… Es más, creo que nunca empecé tan tarde a escribir.

Es una realidad no oculta, la vida actual, la forma en que vivimos, el sistema en que vivimos nos suma ocupaciones constantemente. A eso agregale los problemas que se presenten, que quieras o no, son parte de la vida y tenemos que resolver. ¡Ni qué decirte si, encima, tenés que tomar algún trabajito extra para sumar, porque no te alcanza…! Síntomas de los tiempos que corren.

Bueno, eso es otro tema: los tiempos que corren. Todo está “patas para arriba”. Hay cosas que salen de la lógica y lo que no debería suceder, eso pasa. También es un síntoma, pero ahora “de los tiempos finales” (jajaja… tranquilo, no me voy a poner apocalíptico, hoy no).

Me hace acordar al devocional donde hablé de la carga de las vacaciones, que al final, a veces, terminás más cansado por tantas cosas que tenés que organizar. Ojo, no me estoy quejando, solo estoy haciendo un diagnóstico de nuestra forma de vida.

Cargas, conflictos, preocupaciones, responsabilidades, hijos, esposos, padres, ¡suegros! (hablo en genérico eh! esposos y esposas, padres y madres, etc.). Sumale el trabajo, el compañero haragán, el jefe irritable, la chusma, el ventajero, etc. Sumale…. las cuentas, las obligaciones, ¡decí que ya pasó Navidad y Reyes! pero siempre aparece algún cumpleaños.
Salís de casa, problemas de tránsito, transporte, clima. Volvés a casa, reclamos, quejas, gritos. Un caos. La vida es un caos.

Lo bueno es que la Biblia no cambia y sigue diciendo “En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.”, “Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz” (Juan 16:33). Bueno, buen punto “para que en mí (en Jesús) hallemos paz”. Pero nos cuesta, se nos hace difícil, nos es más fácil detenernos a mirar el problema y sacar la mirada de lo único que nos da paz.

Hay momentos en que lo que resta es agarrar todo y avanzar. A veces avanzar implica salir, dejar. Como le pasó a Jacob, de quién dice Génesis 46:1 “se puso en marcha con todo lo que tenía.” Me quedo con eso, no quiero analizar el contexto ni el entorno. Me bendijo eso y Dios me habló con eso: “Se puso en marcha ‘con todo’ lo que tenía.”

¿Viste cuando creés que se tienen que dar condiciones especiales para hacer algo?
¿Viste cuando pensás que no podés, lo que sea que no podés, porque hay cosas que te limitan?
¿Viste cuando decís: “cuando pase tal cosa, cuando termine tal otra, cuando los chicos crezcan, cuando termine la escuela, cuando fulano se case…”?
¿Viste cuando, en definitiva, le echás la culpa a cualquier cosa (o persona) de lo que te pasa a vos?
¿Viste cuando te tirás al piso encaprichado a hacer berrinches porque no te compran el juguete?

No mires las condiciones, no esperes las condiciones;
No mires las limitaciones, no inventes límites donde no los hay;
No responsabilices a los demás de las decisiones que no tomás o de las cosas que no hacés;
Hacé como Jacob, agarrá todo, salí, avanzá.

¡Que tengas un excelente día!

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