“Todo tiene su tiempo”, dice Eclesiastés, y todo tiene su momento, todo tiene su lugar. Más allá de ese texto tan conocido, es una verdadera obviedad. Por más que uno quiera, por más fuerza que hagamos, por mucha ansiedad que podamos tener, las cosas van a suceder en el momento que tienen que suceder.
Sí, yo sé que a veces hay cosas que pasan en momentos inapropiados, no te tienen que tocar el timbre cuando recién se durmió el nene y ese nene no tiene que meterse en tu dormitorio en momentos…. bueno, en esos.
Pero no me refiero a estos acontecimientos sino a los que tienen un curso natural. A ver: Si sacás la torta del horno antes de tiempo “se desinfla”, si colás los fideos antes de tiempo quedan duros; si te largás a manejar sin haber aprendido, vas a tener un accidente; si te ponés primero las zapatillas y después el pantalón ¡quedás atrapado! Y ni te digo si te ponés el pantalón y después el bóxer…. eso sería un grave problema (o te creés Superman, o tenés Alzheimer).
Así como dice Apocalipsis que Dios tiene ángeles preparados para actuar en un momento bien específico (Apocalipsis 9:15), también hay cosas que tienen que suceder en el orden correspondiente. ¿Acaso construirías primero la pileta de la terraza antes de las bases de las columnas del edificio? ¿Encarás ese mismo proyecto sin calcular los costos? ¿Evaluás si tus ingresos o ahorros te permiten afrontar esos gastos? Del mismo modo, ¿te embarcás en una actividad o una inversión sin prepararte previamente? ¿Pondrías un negocio del que no entendés nada? o también ¿Te pondrías a enseñar lo que no sabés? (me olvidé que somos argentinos), ¿Acaso serías cirujano aprendiendo en un tutorial de TikTok o YouTube? No, ¿no?
Entonces… ¿Encararías una relación cuando no tenés nada para ofrecer? ¿Pensarías en formalizar cuando no tenés recursos que te sostengan? ¿Tendrías hijos para que los eduquen otros? ¿Podrías guiar una familia cuando todavía necesitás ser guiado?
Dice Proverbios 24:27 “Ordena tus labores de fuera y tenlas listas para ti en el campo, y después edifica tu casa.” Es algo más que “todo tiene su tiempo”, es el orden de prioridades para poder establecerte y madurar. Es la dirección para contener, formar y guiar.
No tomes decisiones basadas en tus pasiones.
No tomes decisiones basadas en tus emociones.
No te guíes solo por lo del momento.
No pienses solamente en el hoy.
No digas, por favor, no digas: “Después vemos”.
Enfocate en tu crecimiento.
Enfocate en tus metas.
Enfocate en tu proceso.
Enfocate en los pasos que estás dando…
“Y después… y después… edificá tu casa”.
