Navegantes

Desde chico me gustó la astronomía. Creo que alguna vez ya hablé de esto (hablo tantas cosas…) pero lo repito, pasaba horas mirando el cielo de noche intentando reconocer y aprendiendo a reconocer el mapa estelar.

Con el tiempo algo aprendí (alguito no más…), lo básico de todo el mundo: las tres marías, el lucero, incluso alguna vez Júpiter y Marte. Bueno, hablando de eso, en este mes que están (estamos) todos fascinados con esta supuesta alineación de planetas, todas las noches miro buscando a Júpiter, Urano, Saturno y Marte ¡y los encuentro, eh!

No hace mucho aprendí a reconocer a la famosa Cruz del Sur (me avergüenza pero no lo sabía). La cruz del sur viene a ser algo así como el identificador del hemisferio sur. A ver, no es como el obelisco para Buenos Aires o la Torre Eiffel para París, pero es un clásico. Es algo que en el norte no existe, ellos tienen la Aurora Boreal y la Osa Mayor, pero la Cruz del Sur no se ve, es nuestra. Como Messi, que está allá pero es de acá (¡ja!)

En la antigüedad, previo a la invención de la brújula y aún con ella, la cruz del sur guiaba a los navegantes. Era una señal, un faro. Tenían que ubicarla en el cielo y así, sabían hacia donde iban o si iban por el camino correcto. Era sencillo, si tenían que ir hacia el sur, la cruz del sur tenía que permanecer siempre arriba y adelante; si tenían que ir hacia el este, tenía que ser vista siempre a la derecha; y así sucesivamente. Si, no lo digas, el gran problema era si estaba nublado, pero eso lo solucionarían después con la brújula.

Me hace acordar al Salmo 121: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.” (vs 1 y 2) o a Hebreos 12:2 “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe,…”. No puedo evitar mencionar a Proverbios 3:6 “Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.” ¿Cuál es el punto? Buscá ser guiado por el Señor.

Dice Salmos 25:15 “Señor, siempre dirijo a ti la mirada porque tú me libras de caer en la trampa.” Como una señal en la ruta, como una luz en el tablero del auto, como un termostato, como una alarma de emergencias, poner los ojos en Dios es la única manera de evitar caer. Es loco, porque cuando aprendés a manejar, auto, moto, bici, incluso cuando caminás, lo importante es mantener la mirada al frente, mirar hacia adelante para evitar tropiezos y esquivar los obstáculos. Pero Dios te dice que más importante que guiarte por tus ojos o tu experiencia, más importante que confiar en tus habilidades, es buscarlo a él, mirarlo a él, seguirlo a él.

¿Tengo que caer en la frase fácil? Caigamos en la frase fácil: ¿Dónde están puestos tus ojos? ¿Qué tomás como referente o guía? ¿Cómo alineás tus pasos y tus caminos? ¿Cuál es tu foco, tu norte, tu estrella de Belén (eso es para otro tema) o tu Cruz del Sur?

Decía un viejo himno (que me encanta) “Fija tus ojos en Cristo, tan lleno de gracia y amor, y lo terrenal sin valor será, a la luz del glorioso Jesús”

No te guíes solo por la experiencia.
No confíes solo en tus ojos.
No te apoyes solo en la sabiduría.
No descanses solo en los contactos.
No te duermas en la riqueza.
Poné tu mirada en el Señor.

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