Siempre se dice que los argentinos tenemos mala memoria. Que caemos en el error del perro del proverbio, ese que “vuelve a su vómito”. Que si no fuera así no volveríamos una y otra vez a caer en los mismos errores, confiar en las mismas personas que nos lastimaron, o votar a los mismos que ya nos engañaron.
Pero creo que no es un tema de mala memoria ni tampoco que es exclusivo de “los argentinos”, sino que es algo que afecta al género humano en su totalidad, y que lo que tenemos es “memoria selectiva” o de corto plazo. ¿Te acordás de la pobre Dory de Nemo? Solo recordaba lo del momento y tenían que repetirle cientos de veces a quién estaban buscando.
Recordamos lo que nos marca, así como también olvidamos lo que nos lastima. Recordamos lo que nos emociona, así como olvidamos cómo éramos o dónde estábamos cuando empezamos a prosperar. Eso es la memoria selectiva, las etapas de nuestra vida que nos lastimaron, o a las que ni por asomo queremos volver, las eliminamos “del historial”.
Pero si hay algo que se debe recordar es el día en que algo pasó y que nos colocó en una nueva posición. Celebramos cumpleaños y aniversarios recordando precisamente un nacimiento o un cambio de vida. En los aniversarios, hasta les ponemos nombres: “de plata, de bronce, de oro, de platino”, felices de ver el progreso, el desarrollo y el cambio. Pero…
Y si, hace mucho que no meto un pero…
Pero… ¿recordamos y festejamos el día que pasamos de muerte a vida, de tinieblas a luz, de anomia a identidad, de ignorancia a entendimiento, de condenación a salvación? ¿Celebramos el cambio, la transformación que experimentamos a partir del día en que recibimos a Cristo como Señor? ¿No será, digo, no será, que nos acostumbramos tanto que ya no lo valoramos? ¿No será que tal vez solo hemos sido salvados pero no hay otro cambio?
En Éxodo 13:3 Moisés le dijo al pueblo: “Tengan presente este día, en que han sido liberados de la esclavitud de Egipto.” Apocalipsis nos confronta con el “acuérdate de dónde has caído” (2:5) y le tenemos un poquito de temor a eso, nos invita y exhorta a “volver al primer amor” (2:5); pero esto es otra cosa. No se trata de ver que retrocedimos sino de prestar atención a todo lo bueno que nos pasó.
¿Sos el mismo que eras?
¿Vivís igual que “antes de Cristo”?
¿Seguís pensando, actuando igual?
¿Nada cambió desde que le entregaste tu vida?
O capaz fue solo de palabra…
¿Valió la pena tomar la decisión?
¿Se nota ese cambio?
¿Se dan cuenta los demás de que algo distinto hay en vos?
“Tené presente el día en que fuiste liberado de la esclavitud.” Dios hizo una obra nueva. Dios hizo en vos una nueva creación. Dios cambió tu lamento en baile. Dios te puso en una nueva posición. Dios tiene un lugar preparado para vos. Hay un lugar en la eternidad que tiene tu nombre.
No es poca cosa seguir a Cristo.
No es poca cosa servir al Señor.
“Tené presente el día en que fuiste liberado y trasladado a una nueva posición.”
