Todos pasamos una etapa en nuestra vida en la que se nos preguntó o preguntamos: ¿Qué es lo que más te gusta, o lo primero que vez en una mujer/un hombre? En mi caso particular siempre cuento que me enamoré de los ojos de mi esposa.
Con el correr de los años, las respuestas van cambiando. Es que cuando sos adolescente en lo primero que ponés tu mirada es en lo físico. Cuando vas madurando (sí, adolescente, sos inmaduro) lo físico pasa a un segundo plano y otras cosas ocupan el primer lugar: el temperamento, los pensamientos, la personalidad, sus prioridades también, su fe. No digo que el físico deje de importar, pero pasa a ser solamente un complemento de lo más importante, lo que permanece en el tiempo.
Mirando desde esa óptica yo me pregunto ¿qué es lo que más valorás en una persona? Obviamente depende mucho de cuál sea el vínculo con la persona pero en mi orden personal de valores, creo que la lealtad es top five. ¿Qué es la lealtad? Para mí (para mí, eh) es ese respeto que te hacer valorar lo bueno por sobre lo malo o erróneo, es el reconocimiento a las actitudes de esa persona, es el agradecimiento por la dedicación, esfuerzo, los cuidados que van más allá del amor pero que hacen sólido al vínculo.
Lealtad se le tiene al que te apoyó.
Lealtad se le tiene al que te ayudó.
Lealtad se le tiene al que dedicó tiempo o dinero para darte una mano.
Lealtad se le tiene al que sacó la cara o puso el cuerpo por vos.
A veces la lealtad no tiene que ver con una relación. ¿Puede ser a distancia? ¡Totalmente! Como esas amistades que perduran en el tiempo aunque no se vean nunca, pero el día que se encuentran parece que hubieran estado siempre juntos.
La lealtad tiene una hermana gemela que es el agradecimiento, porque por las mismas pautas nos sentimos en deuda de gratitud. Aclaración importante: ni la lealtad ni el agradecimiento implican sometimiento. Ambas van de la mano del amor, del actuar conciente, de la disposición y decisión.
Ahí es donde Israel fallaba. Tenían, creo, un problema de comprensión. Fueron sacados de la esclavitud. Fueron liberados de la opresión. Fueron trasladados a una vida nueva. Fueron llevados a una tierra de bendición y prosperidad. Pero a pesar de eso, insistían siempre en mirar atrás.
En estos tiempos es habitual ver eso. Gente que cree que se merece el favor recibido. Gente que cree que el que estaba en deuda es el que te ayudó. Gente que no entiende de agradecimientos sino de “derechos adquiridos”, gente a la que le das… y ni un gracias te dan. ¿Te pasó? Me pasó. Me pasa todavía. Ayer me pasó (bueno, esa es otra historia). Y no es que espere que me agradezcan, lo que haces de gracia, justamente es de gracia. Si esperás el “gracias” no lo hiciste de gracia, estás esperando tu paga. Pero qué triste es la persona que no sabe agradecer.
Dice Éxodo 20:2-3 “Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de la tierra de Egipto, donde vivías como esclavo. No tendrás dioses ajenos delante de mí.”
La lealtad se le “debe” al que te levantó, y cambió tu posición y condición.
¿No deberías vivir agradecido?
¿No deberías dejar todo para servirlo a él?
¿No deberíamos dejar de mirar atrás y reclamar libertades?
La Biblia enseña que el esclavo que quedaba libre podía irse, pero sin llevarse nada de sus pertenencias, pero si decidía quedarse, era siervo voluntario para siempre.
¿De qué esclavitud te libraron?
¿De qué opresión saliste?
¿De qué cárcel te sacaron?
¿A quién le estás agradecido?
¿A quién le debés lealtad?
Me parece que hoy hice catarsis…
