Sinceramente hoy iba a hablar de otra cosa. Quería evitar este tema, no sé por qué, hasta que ya… ¡me dejé llevar! jajaja
En los últimos años, casi un par de décadas, creo, cuando empezó a avanzar el falso feminismo que vino a destruir el concepto ‘familia’ y por sobre todo la imagen masculina, pudimos ver un deterioro en la sociedad. Tengo que cuidar mucho mis palabras porque enseguida me van a tildar de fanático, machista o militante de alguna ideología política. Realmente te digo, ninguna de las tres cosas.
Recuerdo por esas épocas, cuando mucho no me daba cuenta todavía (fue alrededor del año 2010) que erróneamente catalogué este movimiento como “espíritu de matriarcado”, cuando en realidad era una moderna manifestación de lo conocido como “espíritu de Jezabel”. No quiero rebajar un tema tan serio a verlo solo como algo demoníaco, porque los demonios no tendrían poder si la iglesia no se lo diera, por eso quiero apuntar a las consecuencias y a la solución.
¿Que quién soy para tener la solución? ¡Nadie! Solo me limito a hechos y frutos. ¿Acaso no dice la Biblia que “al árbol se lo conoce por su fruto”? ¿Que quién soy yo para juzgar? ¡Mucho menos que nadie! Por eso no juzgo, analizo a la luz de los tiempos y las verdades bíblicas.
El progreso de este “progresismo” puso a la masculinidad y al hombre en el blanco de todos los ataques, acusaciones y críticas. Hemos visto ¡con horror! el avance de la doctrina judicial donde “el testimonio de la mujer es suficiente para declarar al hombre culpable”. Al mismo tiempo nos llenaron la cabeza a través de todos los medios de comunicación posible con la “deconstrucción” de la masculinidad (sí, encima brutos para hablar). Publicidades, programas de televisión, cine, series, en todos lados un ataque contra el hombre para “reprogramar” su (nuestra) mente y función, anulando las capacidades dadas por Dios y menospreciando la función con la cual y para la cual fuimos creados.
Ahora el hombre “no ayuda”, ahora el hombre “está obligado y es su responsabilidad” atender tareas que exceden a nuestra psicología. Me gustaría responder de la misma manera cuando la situación se da vuelta. Ahora el hombre tiene que “conectar con su lado femenino” para poder ser esposo y padre. Ahora el hombre tiene que “aprender” a sentir como mujer para que la mujer pueda sentirse plena (¡…!)
¿La conclusión de todo esto? Destrucción de la familia, destrucción de la imagen masculina, destrucción de la autoridad paterna y la imagen del hombre como proveedor y protector (no sé por qué siento que me estoy metiendo en un lío tremendo, así como veo que me estoy extendiendo demasiado. ¿Sería por eso que no quería hablar de esto? “Cuando estamos en el baile… bailemos!”)
¿Cómo se revierte esta tendencia? ¿Cómo se restaura lo roto y caído? ¿Cómo se recupera el lugar perdido y se vuelve a cumplir la función para la que hemos sido creados? (Perdón mujer, hoy sos espectadora -pero también protagonista-) ¿Cómo se toma la vara de la “contención, protección y seguridad”?
Como en todas las cosas, hay una sola manera: “Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas.” (Proverbios 3:5-6)
Dice Éxodo 22:31 (RVC) casi terminando una lista de leyes y reglamentos, poniendo normas de convivencia y de santidad: “Ustedes serán hombres consagrados a mí.” La única manera de reconectar con tu función, tu posición, tu autoridad y tu llamado es consagrar (dedicar, comprometer) tu vida a Dios. Si intentás ir por tus medios, te vas a chocar con una pared; si intentás derribar la pared, te van a acusar de cualquier cosa; si se te ocurre pelear con fuerzas humanas, vas a perder más de lo que podrías ganar; pero si te enfocás en acercarte, encontrarte y consagrarte a Dios, vas a encontrar todas las cosas en la manera y de la manera en que Dios las pensó.
Ay, Ay… en qué lío me metí… capaz era un tema ideal para una reunión de hombres, capaz también para matrimonios, seguramente ideal para jóvenes; creo que también para mujeres para que ayuden (¡ey, sos ayuda idónea!) a reconectar con el propósito y el llamado. Cuando cada pieza está en el lugar que el fabricante le destinó, la máquina funciona a la perfección. Pero cuando las piezas están donde solo nos gusta que estén… la máquina da vueltas hasta que deja de funcionar.
Myles Munroe dijo que “el hombre de hoy está confundido, debilitado y desorientado, que ha perdido su razón de existir” (murió en 2014) y muchos así se sienten. Pero no estás perdido si decidís volver al origen. El llamado de Dios sigue en pie: “Ustedes serán hombres consagrados a mí”.
No se trata de imponer ideologías, sino de vivir con propósito.
El diseño de Dios no necesita ser modernizado, solo obedecido.
Dejá de dar vueltas y empezá a funcionar según el plan perfecto de Dios para vos.
Ay…
