Voluntariamente

Una vez más lo voy a decir: “En el reino de los cielos, en el reino de Dios, todo gira alrededor de la siembra y la cosecha”. Es un principio natural de Dios. Lo vemos reflejado en todo. A veces en forma directa, muchas veces en forma indirecta. Lo encontramos en la parábola del sembrador, pero también en la “regla de oro”; lo vemos en Génesis post diluvio y lo vemos en Corintios hablando del juicio por las obras. Todo gira alrededor de la siembra y la cosecha.

No voy a negar (sería una necedad) que también fue motivo de abusos y excesos. El tristemente famoso “evangelio de la prosperidad” exageró hasta el absurdo este principio llevándolo a límites tales como: “diezmá el doble así obligás a Dios a darte el doble”. No quiero caer en un juicio simplista. La Biblia me manda a creer a pesar de lo que mis ojos vean, entonces prefiero creer que lo hacían sinceramente, que creían que así era, como en épocas anteriores sinceramente creían que “cuanto más pobre más santo” y que tenías que renunciar a tus negocios para que “Dios te sostenga”.

Pero realmente a veces te la hacen difícil y así como hubo actos sinceros también hubo egoísmos y aprovechamiento: buscar solo un beneficio manipulando la fe sincera del cristiano fiel (y también del cristiano interesado que con tal de poder recibir más, daba más) ¿Resultados? Recordá que todo es siembra y cosecha por lo tanto, el fruto confirma la semilla, así que detengámonos a ver cuál fue el resultado: ministerios enriquecidos, pastores enriquecidos, pueblo empobrecido, gente que, como el engaño del populismo en la política, seguían pendientes de la esperanza de lo que recibirían por obediencia al líder.

Pero en la Biblia no es así. Es clara en cuanto a qué dar y cómo dar. Desde Adán y Eva está “sembrado” el principio de la primicia y de la adoración. ¿Por qué creés que Dios rechazó la ofrenda de Caín pero le agradó la de Abel? ¿Habrá sido porque Abel dio más? ¿No habrá sido, capaz, pienso, porque Abel dio de corazón y en adoración? ¿No habrá sido, pienso, capaz, porque Caín dio por conveniencia y de mala gana?

Hay una manera y Pablo la describe bien clarito y simple en 2 Corintios 9:6-7 “El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará. Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría.”

  1. Debo dar según “mi” decisión
  2. No debo dar de mala gana
  3. No debo dar por obligación
  4. Debo dar con alegría
  5. En proporción a lo que doy, eso recibo

Recuerdo que me decían “te voy a obligar a ser bendecido” y tenía que ofrendar cantidades específicas en forma obligatoria por el único hecho de ser líder, por estar a la vista, por ser cabeza, para dar ejemplo. Otra vez ¿resultado? Nunca vi la cosecha de esa siembra más que frustración, decepción, enojo y pérdida de fe. ¿Viste? Siembra y cosecha: das a desgano, recibís desgano.

Dice Dios en Éxodo 25:2, dándole instrucciones a Moisés para encarar la construcción del tabernáculo, lo que sería la primer iglesia, el lugar de encuentro del pueblo con Dios: “Diles a los hijos de Israel que tomen una ofrenda para mí. La tomarán de todo aquel que de voluntad y de corazón quiera darla.” ¿Cómo? Sí, lo que leíste. Otra vez la misma idea. Pablo era bien consciente de lo que decía y de donde lo sacaba: “La tomarán de todo aquel que de voluntad y de corazón quiera darla.”

Es cierto, Dios pide. Es falso, Dios no obliga. Recuerdo mi primer pastor que decía: “Dios no pide mucho, Dios pide todo.” Y es verdad. Dios pide todo. Pero lo que Dios pide lo “reintegra” multiplicado, en bendición y en abundancia, porque “todo lo que el hombre siembra, eso mismo cosechará”.

Otro buen punto “todo lo que se siembra”. Por eso te dije y repito oooootra vez: “En el reino de los cielos, en el reino de Dios, todo gira alrededor de la siembra y la cosecha”. Todo lo que hagas para Dios genera un fruto, según lo que hagas y como lo hagas así será ese fruto, pero “en toda labor hay fruto”, dijo Salomón.

¿Qué estás sembrando? ¿Qué estás dando? O tal vez tendría que preguntar primero: ¿Estás sembrando, estás dando? Ahora bien entonces: ¿En qué manera? ¿Con qué intención? ¿Con qué expectativa? ¿En adoración? ¿De corazón?

Siempre digo cuando llega el momento de nuestra Acción de Gracias anual: “Si lo va a hacer porque yo le digo, no lo haga; si lo va a hacer para ser visto no lo haga; si lo va a hacer para comprar a Dios, no lo haga; hágalo solamente si está de acuerdo a lo que Dios bendijo, si está adorando al dar, si lo hace voluntariamente y si es así entonces, si lo hace en abundancia”; entonces y solo entonces, el fruto de esa siembra será un fruto de bendición.

¿Qué estás haciendo con tu vida?
¿Qué estás sembrando en tu vida y con tu vida?
¿Qué frutos estás cosechando?
¿Estás conforme con sus cosechas?

No mires tus siembras en función del resultado. No calcules cuánto vas a recibir. Evaluá tus siembras en función de qué valor tiene para vos lo que estás dando (y no hablo solo de dinero).

“Todo lo que el hombre siembra, eso mismo, cosechará”

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