Hoy no te voy a hablar de modas, ni de conflictos sociales, ni de cambios culturales. Vamos más ‘tranqui’ (¡ojalá!) Hablemos un poquito de tradiciones…
Una de las “patas” de nuestra iglesia tiene que ver con “volver a lo bíblico”. Suena muy arrogante y capaz hasta soberbio, pero se trata de sacar aquellas cosas que se fueron enquistando en la iglesia como si fueran sagradas, cuando no son más que costumbres, o tradiciones.
En ese sentido, tuve una batalla personal contra el castellano neutro. ¿Viste ese virus enfermizo que ataca a los pastores y ministros, que en cuanto agarran el micrófono ya no “agarran” sino “toman”? ¿Viste que les afecta el espíritu de púlpito y empiezan a hablar en “tú”? Ojo, no está mal hacerlo si es tu forma habitual, si es así como se habla en tu lugar y es tu “léxico”, pero… ¿Cuál es la razón?
Cuando Lutero comenzó la transformación de la iglesia, no fue solamente en cuanto a la salvación por fe y al pago de la entrada al cielo, sino que además afectó la liturgia (liturgia se llama a la manera de “hacer” el culto). El punto principal en esto fue dejar de hablar latín y empezar a usar el alemán popular, el que usaba y entendía la gente simple, incluso sin preparación. Con el tiempo (bastante tiempo) eso también llegó al catolicismo y en el Concilio Vaticano II (1965) también se eliminó el latín de las misas.
Entonces, ¿por qué los cristianos evangélicos pretendemos usar otro lenguaje, formas, léxico, estilo? ¿Solo porque se ve más ‘cool’? ¿Parece más importante? ¿Pensás que te hace ver más santo?
Pero no es solo el castellano neutro, hubo muchas otras cosas: la ropa, la pollera, la corbata, la biblia… que la pollera tenga tal altura, que la corbata sea de tal manera, que no se te ocurra usar computadora, tablet o celular para predicar. Que los diáconos son los enviados de Dios, que “el altar es santo” (a eso quería llegar) y que no todos lo pueden tocar.
¿Qué es el altar? Un lugar donde se presentaba un sacrificio. Un lugar donde se mataba un animal y se quemaba en adoración a Dios. Es el lugar de adoración y de encuentro con Dios. ¿Hay altar en nuestras iglesias? Si lo hubiera ¿dónde está? ¿cuál sería?
Cometemos el error, por tradición y costumbre, de confundir altar con púlpito y de santificar el escenario o plataforma como si fuera un lugar santo. “No todos pueden acercarse”, porque en Éxodo Dios prohibía al pueblo acercarse al monte. “El púlpito no se puede tocar”, porque Dios mató a Uza al atreverse a tocar el arca. Pero ni el púlpito es el arca ni la plataforma es el monte de Dios, sino que lo importante está en la relación con Dios.
En Éxodo 27:8 Dios le dice a Moisés: “El altar lo harás hueco y de tablas, tal y como se te mostró en el monte.” Hueco. ¿Qué es algo hueco? Lo que no tiene contenido, algo que está vacío, algo sin sustento, ¿algo sin cerebro? El altar del tabernáculo era “hueco”. Fabricado con tablas. ¿Qué representan las tablas? La humanidad, al hombre, la simpleza, lo básico del ser humano. El altar no es más que un lugar donde nos acercamos para lo importante: tener una relación con Dios.
Lo importante no es la “santidad del púlpito”, lo importante es “mi santidad en el púlpito”.
Lo importante no es “la gloria del altar”, lo importante es “la gloria de Dios, cuando me presento a él”.
Lo importante no es atarse a tradiciones, ya lo dijo Jesús: “por la tradición que se transmiten entre ustedes, anulan la palabra de Dios” (Marcos 7:13)
Lo importante es atender lo importante: Hacer la obra que se te mandó hacer, cumplir el propósito para el cual Dios te llamó.
¿Dónde está puesta tu dedicación?
¿A qué le das importancia?
¿Qué lugar tiene para vos la tradición?
Cuando llegás a la iglesia, ¿juzgás a la iglesia o te juzgás a vos?
Cuando estamos adorando, ¿adorás a Dios o a la adoración?
Cuando están predicando, ¿recibís la palabra o juzgás al predicador?
Cuando servís a Cristo, ¿servís a Cristo o te servís a vos?
“Bien, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor.” (Mateo 25:23)
“En cuanto al siervo inútil, ¡échenlo en las tinieblas de afuera!” (Mateo 25:30)
