¿Seguimos derribando mitos y tradiciones? Sigamos derribando mitos y tradiciones. (¡Uh, me acordé! Tenemos que reflotar el programa “Derribando Mitos”).
En Mateo 10:28 Jesús habla acerca del “temor a Dios”. No usa esa expresión pero dice: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno.” Directamente te está diciendo que no le tengas miedo a los poderosos o peligrosos y, de manera indirecta, que temas a Dios. ¿Acaso hay otro que tiene poder para destruir alma y cuerpo? Es una referencia casual a Proverbios 29:25 que dice que “No temas al hombre, confiá en el Señor”
Durante mucho tiempo, el texto de Mateo alimentó las mentes más morbosas y, por qué no, al legalismo religioso: pusieron a Dios en la postura de un déspota esperando matar a cualquiera que se corriera un milímetro de su voluntad. Seguramente habrás visto esas representaciones de Zeus tirando rayos a la gente, o a Neptuno arrojando su tridente. Ambas provienen de la idea del Dios castigador. Es más, en el catolicismo tradicional se requiere de la intervención de María para poder calmar la ira de Jesús, porque “a ella es a la única a quien Jesús le hace caso.”
Pero no, Dios no es un Dios castigador ni malvado sino que proveyó los recursos para que, en todo, nos vaya bien.
¿Y entonces? ¿Hay que tenerle miedo a Dios o no? Sí, hay que tener miedo a Dios. Miedo de corrernos de su propósito, de alejarnos de su plan, de estar “errando al blanco”, de menospreciar la salvación, desperdiciar los dones, rechazar su amor, o su misericordia, o su perdón. Hay que tener miedo, como me enseñaron hace tantos años ya, de “ofender a Dios”, miedo de hacer algo que lastime, hiera, provoque a Dios.
Dice Proverbios 8:13 “El temor del Señor es aborrecer el mal. El orgullo, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa, yo aborrezco” Como en todo lo relativo al evangelio, temer a Dios tiene que ver con hechos. El reino de los cielos no es pasivo, el reino de los cielos es activo y lo que cuenta son las cosas que hacemos para o en contra de Dios. Jesús dijo: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.” (Mateo 12:30 RVC)
Así como Isaías 58 nos “desasna” respecto al verdadero ayuno, enseñándonos que no se trata de no comer sino de “hacer obras de justicia”; el temor de Dios no se trata de una vida clerical, oscura y sacra; sino de, otra vez, “aborrecer el mal, el orgullo, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa.”
¿Le tenés miedo a Dios o tenés temor de Dios?
Si ponemos tus acciones en una balanza ¿honran o deshonran a Dios?
¿Qué actitud tenés delante del mal?
¿Y del orgullo?
¿Y de la arrogancia?
¿Y del mal camino?
¿Y de la boca perversa?
¿Son los dichos de tu boca “gratos a Dios”? (Salmo 19:14)
¿Te movés con respeto antes las cosas de Dios?
¿Tratás con respeto a las cosas de Dios?
Ayer te mencioné a Uza, al pasar, hablando de siembra y cosecha. ¿Sabés cuál fue su error? Tratar las cosas de Dios como cosas normales, comunes. ¿Sabés cuál fue la consecuencia?
“Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno.” (Mateo 10:28b)
No trates lo sagrado como algo común.
No caigas en la indiferencia espiritual.
Temé a Dios, no con miedo, sino con obediencia, con respeto y con un corazón alineado a su propósito.
