Voces

¿Qué es la conciencia? No soy sicólogo, médico ni siquiatra pero puedo más o menos articular un concepto. La conciencia es la voz interior, el resultante de todo lo aprendido e incorporado, los principios adquiridos puestos en voz (bueno, en pensamiento, en idea).

Si lo miramos bíblica o espiritualmente, es “la ley de Dios escrita en nuestros corazones” (Romanos 2:15, Hebreos 10:16), que no es la palabra de Dios sino la ley moral, esa que dice en el mismo Romanos que se va a convertir en juez de nuestros actos.

La conciencia. La capacidad de saber, de entender si algo está bien o mal. Un “inquilino” en la mente que no te permite poner excusas. Hay cosas que, aunque nadie te las enseñe, sabés si están bien o mal.

Anoche decía predicando que debemos “tener cuidado de nosotros mismos” (1 Timoteo 4:16) porque hay veces en las que no sabemos lo que podemos llegar a hacer, así como hay otras en las que no sabemos de qué somos capaces, hasta que nos vemos obligados a enfrentar alguna situación.

Pero fuera de esas situaciones, hay otras en las que esa “voz interior” nos advierte, nos previene, nos confirma o define si vamos o no por el camino correcto, si lo que pensamos hacer es apropiado, o si estamos por meter la pata.

“¡Esa es la convicción de pecado!” dice el “pestecostal” (dícese del cristiano religioso legalista recalcitrante que disfruta marcando el error de los demás y se goza cuando los pecadores van al infierno). Pero no. La convicción de pecado es otra cosa, es tener el entendimiento de que determinada acción te hace culpable del juicio de Dios y necesitás su perdón.

La conciencia es un buen “termostato”. Es lo que sentís en el momento exacto en que estás por hacer algo y te dice “sí” o “no”. Ahí podés confundirla con la voz de Dios, pero sea conciencia o sea Dios, ¡bienvenida sea!

Dice Mateo 26:25 “Entonces Judas, el que lo iba a traicionar, le preguntó: «¿Soy yo, Maestro?» Y Jesús le respondió: «Tú lo has dicho.»

Sí. Te das cuenta de lo que estás por hacer.

En esta época de contaminación visual y auditiva, adquirimos la capacidad de bloquear algunos sonidos para que no nos afecten.
Ya no le hacés caso al perro del vecino, o a los gritos de la vecina del perro. Tal vez tu nene te habla y vos como si nada. O tu esposo/a se levantó con el pie, la mano y la cabeza izquierda y busca pelea… y vos seguís con tu mate como si nada.

¿Qué hacés con la voz de tu conciencia?
¿Cuánto caso le hacés a tu voz interior?
¿Obedecés a la “ley escrita en tu corazón“?

O también…

¿Te detenés cuando estás por cometer un error? ¿O te apurás antes de que la voz te frene?

Te das cuenta de lo que estás por hacer.
Alineá tus pensamientos y tus acciones con la palabra de Dios.

No tapes la voz de tu conciencia.

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