Soy un apasionado de lo que hago. Muchas veces me pregunté qué sería, a qué me dedicaría si no fuera pastor. En mi adolescencia hice varios intentos y fracasos buscando qué carrera estudiar: empecé química, después computación, de ahí salté a derecho y las tres las abandoné. Sinceramente, no me arrepiento; creo que una de las frustraciones de la vida es dedicarte a algo que no te gusta, no te atrae, no te apasiona. Repito, soy un apasionado de lo que hago.
También tuve la intención de estudiar periodismo. Quedó ahí nomás, no pasó de la idea. Hoy pienso que me hubiera gustado la carrera de comunicador social. En definitiva, en esas vueltas de la vida, lo que hago tiene mucho que ver con la comunicación: transmitir una idea, generar una opinión, abrir la mente a otros para que puedan ver las cosas desde otra óptica, de otra manera.
De más está decir que, justamente, me apasiona también la comunicación. Este año decidí dejar de grabar videos o por lo menos hacerlo mucho menos, pero durante 4 años y medio llegué a acumular casi 1600 devocionales en video, que todavía andan por ahí. 1600 grabaciones que me permitieron perfeccionarme, aprender, supongo que mejorar (espero). Ahora entiendo que es un cambio de época, una nueva etapa, donde vuelvo a la antigua, a escribir.
La escritura tiene diferencias sustanciales con el video. Me permite hacer correcciones (los videos eran 100% improvisados), lo que me permite darle un poquito más de calidad. Para el lector se hace más cómodo leer a su tiempo, meditar, releer, tomar notas. Al mismo tiempo el video te permite hacer énfasis y entonaciones que, en un escrito, a veces no están tan claros. Es como nos pasa con los mensajes de texto (o whatsapp) y los audios. En algunas situaciones es más conveniente un audio para evitar malas interpretaciones.
Imaginate esto: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?” (Salmo 121:1) o “Alzaré mis ojos a los montes de donde vendrá mi socorro” (¿Sabías que el hebreo no tiene signos de interrogación?) o este otro: “No se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios; crean también en mí.” (Juan 14:1) o será… “No se turbe su corazón. ¿Ustedes creen en Dios? crean también en mí.” No cambia tanto, pero es la misma situación, queda a criterio del traductor.
Entonces tampoco es lo mismo decir: “Pero Pedro lo siguió de lejos…” (Mateo 26:58) que “Pero Pedro lo siguió, de lejos…” El énfasis determina la importancia de la expresión y puede cambiar todo su sentido. Durante siglos el enfoque estuvo puesto en que Pedro mantuvo distancia, que no se involucró demasiado, que no quería comprometerse pero quería saber qué pasaba. Cuando el contexto nos dice otra cosa, que mientras “todos los discípulos lo abandonaron y huyeron” (Mateo 26:56) “Pedro lo siguió de lejos” (v 58)
Nos pasa con las personas, nos pasa con nosotros mismos. Miramos sus actos sin mirar el contexto. Miramos sus reacciones sin mirar el trasfondo. Juzgamos al que no termina de comprometerse sin darnos cuenta que está luchando por permanecer, mientras otros “lo abandonaron y huyeron”. Criticamos al que viene de vez en cuando, condenamos al que no se decide, ignoramos o ninguneamos al que “no muestra interés”, sin darnos cuenta que, de lejos, pero lo está siguiendo.
Lo mismo en nuestro caso. Con luchas, caídas, preocupaciones, temores, dudas, las cosas se complican, los tiempos no ayudan, queremos acercarnos pero tal vez… solo de lejos. Nos lastimaron, nos señalaron, nos acusaron, en el interior sigue gritando el llamado de Su Voz, pero el miedo sigue estando. ¿Es condenable? ¡No! ¿Nos condenamos? ¡Sí! ¿Lo condenamos? ¡Sí! Sin darnos cuenta que al mismo que traicionó a Jesús y se mantuvo lejos, se mantuvo lo suficientemente cerca como para que Jesús le diga “Pastorea mis ovejas” (Juan 21:16)
No nos hagamos ideas solo por lo que vemos.
No nos dejemos llevar por las primeras impresiones.
No hagamos caso de las malas reacciones.
¡No juzguemos sin saber! (¿no lo hicieron con vos alguna vez?)
Dios no es Dios de segundas oportunidades sino que su bendición llega ¡hasta la cuarta generación! y su misericordia se renueva cada mañana.
