No conocía todavía al Señor (sería arrogante decir que ahora lo conozco) pero ya había escuchado esa frase popular: “El hombre propone y Dios dispone”. Pasaron algunos años hasta que me enteré que era un texto de Proverbios, 16:9. No dice exactamente eso, pero transmite la idea. Básicamente dice que “no es a mi manera, sino a la manera de Dios”.
A lo largo de la vida cristiana muchas veces nos topamos con este principio. En el proceso del crecimiento espiritual, la lucha en la madurez espiritual, hay una batalla constante contra nuestras pasiones, nuestros criterios y nuestra voluntad. Siempre aparece el deseo de “lo que yo quiero” muchas veces opacando “lo que Dios quiera”. Un buen recurso en esa pelea es nunca olvidarnos de que “fuimos comprados por un precio”, por lo tanto, aunque seamos libres de la opresión, la esclavitud espiritual y el pecado; no somos nuestros, tenemos un dueño.
“El hombre propone y Dios dispone”. Así les pasó a los hijos de Zebedeo. Me da la sensación de que eran dos adolescentes caprichosos que peleaban más por competir entre ellos que por alcanzar su desarrollo. En Marcos 10:37 le piden a Jesús “Concédenos que en tu glorioso reino uno de nosotros se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda.” Pero Jesús les responde que no está a su alcance sino que es decisión de Dios. Imaginate que ni Jesús hacía las cosas a su manera, no hacía lo que él quería sino lo que el Padre disponía… ¿y vos pretendés hacer lo que quieras?
Lo que ellos, Santiago y Juan, tampoco imaginaban, era que en el momento más importante de la historia de Jesús, el momento cúlmine del pacto de salvación, la cruz, iban a ser otros personajes los que estarían a su derecha e izquierda. Dice Mateo 27:38 “Junto a él crucificaron también a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda.” ¡Quién lo diría!
Es que… “El hombre propone ¡y Dios dispone!” No es a mi manera, no es a tu manera, es a la manera de Dios. Me imagino a Santiago y Juan chillando: “¿¡Y estos?! ¡¿Quiénes se creen que son?!”
Lo bueno de todo esto es que te deja una enseñanza. Bueno, dos. La primera es que… es a la manera de Dios, la segunda, que no importa tu condición, ni tu entorno, ni tu origen, ni tu experiencia, ni tu linaje; es Dios quien dispone y reparte como quiere y que todos tienen (tenemos) las mismas oportunidades. Ya lo dijo Salomón: “la carrera no la ganan los más veloces ni ganan la batalla los más valientes; tampoco los sabios tienen qué comer ni los inteligentes abundan en dinero, ni los instruidos gozan de simpatía; sino que a todos les llegan buenos y malos tiempos.” (Eclesiastés 9:11)
No pelees por posiciones, Dios es el acomodador.
No ambiciones cargos o títulos, Dios ya te dio el don.
No quieras ser como el otro, ¿quién va a ser “vos”?
No mires tus limitaciones, están puestas para ser superadas.
No mires tus fracasos, son los escalones al éxito.
Procurá hacer lo que Dios te dio por hacer y haciendo lo que Dios te manda hacer, vas a ser el primero delante de él.
“El hombre propone ¡y Dios dispone!”

AMEN 🙏
Excelente reflexión las palabras juntas para este momento se crecimiento.
Dejó en sus manos la decisión de mi vida y mi camino, sea derecha o sea izquierda pero siempre al lado de Dios, que sea él quien decida y que me guíe por el mejor camino para servirle con todo mi amor y dedicación.
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Amén!. Gracias por comentar
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