De una sola pieza

Hablar del Tabernáculo es como visitar esas ciudades donde se combina lo antiguo y lo moderno. En nuestro país tenemos muy poco de eso porque no hubo una cultura de preservar el patrimonio hasta que ya fue tarde (¡mirá que hay que ser burro para cortar el Cabildo!), pero Asia y Europa son un libro de historia: Roma tiene sus construcciones del imperio junto a edificios del siglo 21, Jerusalén está dividida en la nueva y la vieja, Estambul parece viajar al siglo 12 y al 22 al mismo tiempo, ¡Ni que hablar de Japón! te cruzás con gente caminando por la calle con vestiduras de la época imperial, entre edificios inteligentes, llevando celulares con la última tecnología. Me pasó en Ecuador: autos último modelo estacionados junto a una chancha o una vaca que estaba siendo ordeñada para vender la leche en la calle.

El Tabernáculo combina lo viejo, oscuro, misterioso; con la frescura del espíritu, la relación con Dios y el mover de la iglesia. Cada pieza del tabernáculo tiene un significado espiritual, de aplicación espiritual, que trasciende el simple uso que se le daba miles de años atrás.

Hoy, pensar en sacrificios de animales y en salpicar sangre suena casi como una película de terror. Eso, sin mencionar las críticas y la oposición de ambientalistas y vegetarianos. Incluso las procesiones de los coros que relata Nehemías, parecen el rito de una secta bajo influencia demoníaca. (Nehemías 12:31,38)

Éxodo detalla cada pieza, medidas, materiales, función; explica los sacrificios, detalla cómo hacerlos; habla de los altares para uno u otro uso, etc. Y cuando menciona al “candelero” (un candelabro, la “menoráh” que usan los judíos actualmente) dice que tiene que ser “… del mismo material, es decir, todo era una sola pieza de oro puro labrada a martillo.” (Éxodo 37:22).

El candelabro era lo que alumbraba el lugar de los sacrificios y la adoración. Simbólicamente representa al Espíritu de Dios que es el que da “iluminación” y “revelación”. El Espíritu Santo te hace entender lo que hacés y por qué lo hacés y junto con la Palabra de Dios “alumbran” el camino por el que te movés. El Espíritu Santo es la luz que te da convicción de tus actos, y te muestra el pecado.

Pero también el Espíritu Santo es el que está en vos, el que alumbra tu interior, el que te convierte en lámpara para dar luz en las tinieblas, el que hace del cristiano, de la iglesia, las “luminarias” del mundo (Filipenses 2:15). Esa luz que permite que “se vean nuestras obras” para que los que están en oscuridad se acerquen a Dios. (Mateo 5:16)

El candelero es el Espíritu; el candelero es el cristiano, el candelero es la iglesia; un cristiano y una iglesia que deben ser “…del mismo material, …una sola pieza de oro puro labrada a martillo.”

Un día estás bien, otro día estás mal.
Un día adorás, al otro día te quejás.
Un día bendecís, otro día maldecís.
Un día avanzás, otro día retrocedés.
Un día levantás las manos en adoración, otro día escondés las manos por vergüenza.
Un día sos nueva creación, otro día parecés volver a la vieja naturaleza.

“…del mismo material, …una sola pieza de oro puro labrada a martillo.”

Ese es el concepto de “integridad”, lo que Dios le pidió a Abraham cuando le dijo: “Anda delante de mí y sé íntegro.” (Génesis 17:1). Ser “de una sola pieza”

¿Qué dice tu etiqueta?
¿Qué porcentaje de algodón y cuánto de nylon?
¿Cuánto de cal y cuánto de arena?
¿No estaremos caminando como la estatua de Nabucodonosor, con “pies de barro mezclados con hierro”? (Daniel 2:43)

¿Te parece difícil? Sí, todo es parte de un proceso. Ya hablamos de que hasta a Pablo le costó (Romanos 7). Pero el mismo verso termina diciendo “…una sola pieza de oro puro labrada a martillo.” El labrado a martillo no lo hacía el Espíritu, ni los ángeles, ni Dios. El labrado a martillo son los golpes que se dan con esfuerzo para dejar atrás la vieja vida y ser hechos una nueva creación.

El Tabernáculo habla de cosas viejas, pero no todo lo viejo debe ser desechado. El mundo es viejo y seguimos viviendo en él. El sol es viejo y nos sigue alumbrando y dando calor. Alguien me dijo alguna vez, hablando acerca de la Biblia, que si una vieja guía me lleva al destino que busco, esa guía a pesar de ser vieja, sigue siendo vigente.

El candelero es el Espíritu;
el candelero es el cristiano.
El candelero es la iglesia.

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