Contagio

¿Conocés el refrán de “la manzana podrida”? Bueno, últimamente lo han aggiornado un poco y justamente esta semana ví lo mismo pero con una frutilla. Te lo cuento con la frutilla entonces: Había dos frutillas de esas que te dan ganas de meterle un mordisco, bien brillantes y carnosas; de esas que, aunque no te gusten las frutillas le meterías un tarascón. Con un escarbadientes, ensartan otra frutilla a estas dos, con la diferencia de que esta nueva está en descomposición, tiene partes con moho verde y otras ya blancas y hundidas. No hace falta que te pregunte y ni siquiera que te diga, ya sabés lo que pasó.

¿Por qué será, no? ¿No podría ser que la que estaba en descomposición se reponga al contacto de las buenas? Si, en definitiva, el contacto es el mismo, la cercanía es la misma, ¡el contagio debería ser el mismo! ¿Acaso no pasa eso cuando una persona se acerca a la iglesia? La iglesia no se “lastima”, no se “contamina”, la iglesia hace que la persona sea transformada y evolucione.

Pero en el trato personal, no siempre sucede así. No siempre lo sano sana a lo enfermo sino que muchas veces es al revés, lo enfermo enferma a lo sano. En realidad depende del contexto, del lugar. Si un virus entra en un cuerpo sano, el virus lo enferma hasta que el cuerpo desarrolla anticuerpos y lo elimina. Pero si ese cuerpo no tiene las suficientes defensas, o no está lo suficientemente fortalecido, enferma y tal vez muere.

Como dice Hageo, que “lo santo no santifica lo impuro, sino que lo impuro contamina lo santo” (Hageo 2:11-14).

Por eso es muy importante saber elegir las compañías. Algunos, a veces, creen ser héroes que van a rescatar al perdido y se meten en lugares de perdición… y terminan más perdidos que el perdido (tal vez no eran héroes, sino chusmas…).
Hay que elegir las amistades… hay que elegir las relaciones… hay que elegir las sociedades…. ¿te acordás de Pablo? “No formen alianza con los incrédulos… ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad?… ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo?” (2 Corintios 6:13-15); o Amós: “¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo?” (Amós 3:3); o Juan: “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él.” (1 Juan 2:15)

¿Viste cuando pasan los años y mantenés las amistades que tenías de chico? O de adolescente, o de joven. ¡Es muy lindo! Habla del verdadero valor de la amistad…. o habla del valor de la mediocridad, porque si los caminos se separaron, si la visión de cada uno es diferente, si uno busca progresar y el otro acomodarse… no puede seguir existiendo esa “sociedad”.

¡Cuántas veces lo he dicho! A jóvenes y no tan jóvenes: “tenés que cambiar tu círculo de relaciones”. A veces es necesario soltar para poder volar. A veces es necesario saltar para poder despegar. Sí, suena crudo, lo sé. Pero todo depende de qué es lo que querés para vos, para tu vida, para tu familia, para tu generación.

Dice Levítico 11:43 “No se hagan ustedes también repugnantes con esos animales que se arrastran. No se contaminen con ellos. No se hagan impuros por causa de ellos.” La imagen es muy fuerte, directamente dice que no te juntes con los arrastrados, wow. Sí, ya sé, habla de reptiles, pero…

La cuestión es que en los dos versos siguientes, como poniendo un broche al tema de los animales puros e impuros, Dios dice que “te salvó para ser tu Dios, y que seas santo porque él lo es.” (Levítico 11:44-45) Punto. Sin vueltas. Sin rulos. Sin medios tonos. La santidad es casi una obligación, ¿casi? ¡es una obligación! Y ser santo no significa andar con cara triste sino “ser distinto al resto, no mezclarte con los demás sino mezclarte entre los demás para, como el virus, contaminar, pero de bendición y salvación”.

¿Con quiénes te gusta estar?
¿Con quiénes solés estar?
¿Con quiénes te sentís cómodo?
¿De quiénes te rodeás?

Es tiempo de tomar decisiones, de hacer una elección sabia, de mirar hacia adelante y ver si querés afectar y transformar el lugar donde estás o ser consumido por ese lugar. Ya lo dijo Jeremías: “Tienes que influir en ellos; ¡no dejes que ellos influyan en ti!” (Jeremías 15:19 NTV)

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