Estoy terminando de escribir algunas notas para la reunión que está por comenzar, en 15 minutos nada más. Hoy no es un culto normal, si bien ninguno es normal porque Dios hace todo nuevo siempre, cada día; pero hoy tenemos bautismo: aproximadamente 40 personas “van a pasar por las aguas del bautismo” (para respetar el dicho tradicional), lo que es una puerta abierta a una nueva vida.
Según entendemos por Proverbios, la vida del creyente es un camino en ascenso: “…que va en aumento…” dice 4:18. Y aunque es cierto que siempre se pueden presentar complicaciones, obstáculos y tropiezos, la realidad es que ser cristiano es vivir en un permanente espiral ascendente de bendición, crecimiento, revelación y plenitud. Creo que ese es el “cenit” del himno: plenitud.
En todo crecimiento hay distintas etapas. Un bebé no camina hasta cerca del año y no entiende física cuántica o geometría no euclidiana hasta estar avanzado en el secundario (¿o universidad?). Cada etapa tiene lo suyo: su aprendizaje, su complejidad, su crecimiento y su graduación. Pero si releés, vas a ver que, en definitiva, en todo tiempo hay una enseñanza y un aprendizaje.
No es muy popular esto, nos gusta más la experiencia sobrenatural, pero en mi unpopular opinion (siempre a contramano), el eje central del evangelio, que acompaña a la fe, es la enseñanza, es el aprendizaje. Bueno, justamente hablando de bautismo, en el famoso pasaje del eunuco lo encontramos quejándose delante de Felipe, diciendo: “¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica?” (Hechos 8:31). En más de una ocasión leemos acerca de Jesús que “recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas…” (Mateo 4:23; 9:35). Sí, evangelio y enseñanza van de la mano.
Me llama mucho la atención el pasaje de Marcos 6, donde posteriormente Jesús dio su “famosa conferencia” (el Sermón del Monte), que fue ocasionada casi de improviso. Sí, Jesús era el maestro de la ironía y maestro de la improvisación.
Dice Marcos que “Jesús salió de la barca y vio a tanta gente, tuvo compasión de ellos, porque parecían ovejas sin pastor, y comenzó entonces a enseñarles muchas cosas” (6:34). Jesús no organizó una charla, no fue una convocatoria, no fue, como muestra The Chosen, algo planificado, estructurado y organizado, no hubo “volanteo previo”; sino que actuó por impulso ante la necesidad del corazón de la gente. “Tuvo compasión de la gente porque eran como ovejas sin pastor”.
¿Y qué hizo? Ante la necesidad, por compasión, suplió la necesidad. Si estaban mal, si parecían sin pastor, lo que correspondía era pastorear y acompañar. Y eso hizo: “…comenzó entonces a enseñarles muchas cosas.”
La necesidad del corazón, el vacío del alma, solo lo suplen el entendimiento y la edificación en la Palabra.
Pastorear implica sí o sí enseñar.
Crecimiento es el resultado del aprendizaje.
En palabras de Pablo: “…pastores y maestros”.
¿Sentís necesidad?
¿Hay vacío en tu interior?
¿Sentís que “algo” te falta?
Antes del sermón, sabiendo que venía un día de trabajo, Jesús le dijo a sus discípulos: “Vengan conmigo ustedes solos, a un lugar apartado, y descansen un poco” (Marcos 6:31). Pero al resto, les enseñó el evangelio.
Acercate a Dios,
acercate a Jesús,
la única plenitud está en Él. En Él y en su Palabra.
