Apariencias

“Las apariencias engañan” es un viejo dicho, pero no por eso deja de ser actual. El mundo en que vivimos es un mundo de apariencias. La sociedad en que vivimos es una sociedad de apariencias. El sistema de consumo que nos rodea es un sistema de apariencias. Todo se mide por cuántos likes tengas o cuántos seguidores sumaste; pesa más lo que mostrás que lo que realmente sos.

El problema de las “apariencias” es cuando son solo eso: “apariencias”. Y acá quiero hacer un alto en el camino, en el tipeo, y señalar una diferencia: no es lo mismo “apariencias” que “apariencia”.

Cuando hablo de “apariencia”, me refiero a la imagen que estoy dando, a mi aspecto general, a lo que se ve de mí y lo que muestro. Cuando hablo de “apariencias”, me refiero a la simulación, a querer mostrar lo que no soy y armar una estructura a mi alrededor para dar una imagen distinta de la realidad. Tal vez, para mayor claridad, podríamos decir “imagen” y “apariencias”.

La imagen es importante. Hace unos días prediqué sobre este tema y mencioné que, incluso a Jesús, le interesaba saber lo que la gente pensaba de Él (Mateo 16:13). Pero el mismo Jesús criticó la actitud de una higuera que mostraba lo que no era (Mateo 21:18-19). Como el reino de los cielos es acción y las acciones generan un resultado, Jesús enseña que “los frutos son los que dan a conocer al árbol” (Mateo 7:16-20). Me gusta decir, en este tema, que “el limón deschava al limonero”, o la otra frase, que no es mía: “el ruido de tus obras no me deja oír el sonido de tus palabras”.

Las acciones definen al actor, y la falta de acciones también tiene su peso. ¿Qué es mejor? ¿Decir que vas a hacer y no hacerlo, o decir que no vas a hacer y terminar haciéndolo? Jesús hizo esta pregunta y Él mismo enseña que este último es quien hizo la voluntad del Padre (Mateo 21:28-31).

Dice Salomón en Proverbios 25:14: “Como las nubes y el viento sin lluvia es el hombre que se jacta falsamente de sus dones.”

No vivas de apariencias.
No des una imagen distorsionada.
No cambies tu aspecto sin cambiar tu corazón.
No dependas de lo que otros digan.
Dejá que tus obras hablen por sí solas.
Dejá que tus frutos te definan.
Mostrate como sos, y si no te gusta lo que sos… ¡Cambiá!

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