¿Fanatismo o Fundamento?

Hoy comenzamos con la serie “Rompiendo Maldiciones Generacionales” y uno de los puntos que vamos a tratar hoy (¡alerta de spoiler!) es acerca de la interpretación de la Biblia, del entendimiento que tenemos de la palabra de Dios.

Ya sabés que mi relación con la palabra de Dios supera lo platónico. Soy un “fanático” de la Biblia. Creo que es la base, el fundamento y la estructura que sostiene todo lo demás. Alguna vez algunos me han dicho que exagero; precisamente, me acusaron de “fanático”, pero en el peor de los sentidos. A ver, el fanatismo es una actitud ante las cosas que no te permite ver sus errores y las pone por encima de cualquier otra cosa. Bueno, la Biblia no tiene errores y está por encima de cualquier otro libro o escrito, así que, sí, soy un fanático de la Biblia.

Alguna vez (varias veces) también me dijeron que parezco “bautista”. No lo soy, pero ¿cuál sería el problema si así fuera? La iglesia bautista ha formado líderes a lo largo de los siglos y ha colaborado con la permanencia y relevancia de la palabra de Dios. Claro, como le dan el primer lugar a la Biblia y no a las manifestaciones pentecostales, es objeto de crítica. Así que, si me criticás por poner a la Biblia en primer lugar, ¡bienvenida sea tu crítica!

Sin la Biblia, no conoceríamos los evangelios, los que nos acercan al plan de salvación. Sin la Biblia, no sabríamos acerca de la existencia de Jesús más que la de cualquier otro maestro espiritual a lo largo de los milenios, como Buda o Mahoma, o algún que otro filósofo o pensador como Platón, Sócrates o Epícteto.

Sí, la Biblia es la fuente de sabiduría y de revelación. Porque ella dice de ella (bueno, Pedro dice acerca de la palabra de Dios) que es “… la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro…” (2 Pedro 1:19). Por eso, vuelvo a decirte, es uno de los puntos principales en la serie que comenzamos hoy: el entendimiento y la interpretación de la palabra de Dios.

El Salmo 119 dice que es “una lámpara a mis pies…” (v. 105) y Juan 1 (para resumir) dice que es el mismo Dios encarnado (vs. 1-4). ¿Cómo, entonces, podríamos ver el camino y cómo relacionarnos con Dios, sino por medio de su palabra? Sí, ya escucho: ¡Fanático! Además, la palabra de Dios es la que filtra los excesos, la manipulación, las malas interpretaciones y el abuso religioso. Seguro que conocés, leíste o al menos alguna vez escuchaste 2 Timoteo 3:16: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia…”.

Jesús se topó con un grupo de religiosos que lo quisieron arrinconar con preguntas teológicas. Sus preguntas nacían de la ignorancia, porque ponían en primer lugar sus ideas, antes que la palabra de Dios. Entonces “Jesús les respondió: El error de ustedes es que no conocen las Escrituras ni el poder de Dios.” (Marcos 12:24)

¿Cuál es tu relación con la palabra de Dios?
¿Cuánto conocés acerca de la Biblia?
¿Tenés el hábito de leerla?
¿Con qué frecuencia lo hacés?
¿Tomás notas? ¿Tenés dudas?
¿Sos de los que piensan que es “un libro escrito por hombres”? ¿O entendés que es “palabra de Dios”?
¿Hacés un devocional diario y personal?

¿Necesitás dirección? Buscá en la palabra de Dios.
¿Necesitás claridad? Leé la palabra de Dios.
¿Necesitás consuelo? Metete en la palabra de Dios.
¿Necesitás ánimo, valor, entendimiento, revelación, visión…?
Estudiá, recorré, aprendé… la palabra de Dios.

¿Qué te habló hoy Dios por medio de su palabra?
Perdón… ¿La leíste hoy?

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