Sirvientes

¡Qué cosa seria es servir a Dios!

Servir a Dios es un tema siempre presente en la vida del cristiano. Servir a Dios suele convertirse en una meta, a veces como si fuera la panacea del éxito evangélico; otras veces, porque consideramos que es lo obvio; otras más…, para conformar a algunos antes de que se vayan de la iglesia. (¡Acá necesitaría una alarma de error!)

Servir a Dios sí es una meta cristiana, pero solo porque para eso fuimos llamados. A ver, atención, fuimos llamados para salvación, pero si solamente fuera para ser salvos…, en el momento en que recibimos a Cristo ¡deberíamos haber muerto! De esa manera, tendríamos el cielo garantizado y no tendríamos que andar luchando con los conflictos terrenales. Así que, por lo tanto, el hecho de no haber muerto al recibir a Cristo en mi corazón a mí me dice que hay algo más. Como dijo Jesús: “…recibirá cien veces más ahora en este tiempo…” (Marcos 10:30). La vida eterna no comienza en el cielo, sino en la tierra, el día que le dijiste “sí” al Señor.

Entonces, si hay algo más, eso incluye servirle. En la iglesia y fuera de la iglesia. El servicio es parte del propósito global del evangelio para el creyente. Se enfoca más en el propósito ministerial, que va atado a la visión local de la iglesia en relación con el creyente, pero servir a Dios es un indicador del cristiano.

El servicio trae plenitud. Así lo dice Pablo en Efesios 1:22-23, diciendo que “la iglesia… es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo”. Así que, creo, vale la pena servir al Señor.

Imaginate lo que será servir a Dios, que en la organización del tabernáculo, cuando Moisés había recibido unos ingresos abundantes de las ofrendas del pueblo en materiales y dinero, llegó el momento de repartirlo entre las tribus para que se desarrollen. Números da una lista de cuánto se le dio a cada grupo (porque “cuentas claras conservan la amistad”), pero 7:9 dice: “A los hijos de Coat no les dio nada, porque ellos debían llevar sobre sus hombros el servicio del santuario”. ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver?

¿Por qué, por llevar la carga del santuario, no pueden recibir recursos y sustento? ¿Por qué se hace diferencia con el resto? ¿Por qué se los discrimina? ¿Acaso su trabajo no vale? ¿Acaso servir en el santuario no es servir? O… ¿no será que…? No, nada.

Bueno, sí. ¿No será que su trabajo es tan valioso que, por lo tanto, si se les da un recurso material, en realidad se está discriminando al resto porque ellos ya tienen lo más valioso? ¿No será que el hecho de servir en el santuario ya es de por sí un beneficio? ¿No será que “llevar sobre sus hombros el servicio del santuario” es súper valioso? ¿No será que con eso tienen más que suficiente?

Servir a Dios es cosa seria. Tanto que tiene un montón de requisitos. Entre tantos de ellos, Números 6:6 dice que no pueden tener “contacto con los muertos”. Porque Dios “es Dios de vivos” y las cosas de la muerte no tienen nada que ver con él. Porque en Dios tenemos vida nueva y “hemos muerto” a nuestra vida anterior. Porque servirlo a él requiere ser “una nueva creación” y dejar atrás las tumbas de nuestra miseria. Porque ya morimos, pero también resucitamos con él por medio del bautismo.

Sí. Servir a Dios es cosa seria. Curiosamente, es un “sacerdocio” que requiere mente nueva y vestidura nueva. Es una entrega, una siembra, que genera una cosecha de bendición y plenitud en abundancia. Servir a Dios es cosa seria, pero servir a Dios es cosa buena. ¡Ya lo dijo Pablo! “Si alguno anhela obispado, buena obra desea” (1 Timoteo 3:1).

¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿A qué o quién la estás dedicando? ¿Dónde estás buscando la plenitud? ¿La estás encontrando?

Dejá que las cosas de la muerte queden en la muerte. Revestite del nuevo hombre (incluye nueva mujer, ¡eh!). Entregale al Señor no solo tu alma, sino también tu corazón, también tu mente, también tus manos, también tus labios y, ¿por qué no?, tus pies.

Porque el cristiano que no sirve no es más que alguien que va a la iglesia, pero no sirve.

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