¿Inclusión?

En estos últimos tiempos, de un año a esta parte, se está hablando mucho acerca de los derechos y obligaciones de los extranjeros en el país. El primer punto de conflicto fue por la atención sanitaria, pero en realidad viene de más atrás, con la universidad gratuita y también con los reclamos sociales.

No es un tema solamente local. En todo el mundo hay manifestaciones a favor y en contra de los movimientos migratorios, que cambian la estructura social de las ciudades y países que los reciben. A principios del siglo pasado, esto fue vital para nuestro país, ya que un número muy importante de la sociedad trabajadora se constituyó a partir de los inmigrantes italianos, españoles, polacos y eslavos en general. Lo que pasa es que este no es el siglo pasado y lo que en un momento fue para bendición y edificación… hoy puede convertirse en un problema.

Francia y Reino Unido están teniendo problemas. Los musulmanes están copando las ciudades, a tal punto que el actual alcalde de Londres ¡es musulmán! En un país que, más allá de las división de los anglicanos, siempre fue notoriamente cristiano. En Francia se organizan movimientos donde los musulmanes exigen que se les respete sus costumbres.

Algo similar pasó en Alemania, Suiza y Holanda, donde les tuvieron que prohibir el uso de la hiyab, para evitar problemas raciales y discusiones religiosas. Bueno, hay una premisa que dice: “al lugar donde fueres, haz lo que vieres”, pero actualmente, con los cambios del comportamiento humano, ya no es “haz lo que vieres” sino “hago lo que quiero”. Ese es el verdadero problema de la inmigración actual.

¿Está bien que alguien con diferente cultura y creencias te las imponga?
¿Está bien que te obliguen a aceptar sus formas?
¿Está bien que quieran que hagas lo mismo?

Ese fue uno de los problemas que enfrentaron las misiones del siglo 19. Pretendían cambiar la cultura local y en varios países los misioneros fueron echados a patadas. Ese fue el problema de la avanzada post recuperación Malvinas. No sé quién fue el genio que ¡hasta les obligó a cambiar el sentido de circulación de las calles! (Y les pasaban películas de Palito Ortega…)

También se acusa a la iglesia de, a veces, hacer lo mismo, cuando queremos forzar al otro a creer, aceptar y vivir nuestra forma de vida. Ninguna de estas formas sirve. Solo sirve lo que es aceptado por voluntad propia.

Ahora… si es aceptado pero va en contra de la Palabra de Dios… ¿está bien? Siempre digo que debemos “adaptarnos sin amoldarnos, para encajar y transformar” porque Jeremías dice “que se conviertan ellos a vos y no vos a ellos” (Jeremías 15:19) Entonces… ¿está bien adoptar las costumbres de otros?

Israel salió de Egipto. Dios hizo una obra milagrosa, poderosa y majestuosa por medio de la mano de Moisés. Se enfrentan al desierto y empiezan los problemas… Es difícil pasar los procesos. Dice Números 11:4 “Pero la gente extranjera que se mezcló con ellos sintió un apetito incontenible, y los hijos de Israel volvieron a llorar y dijeron: ¡Cómo nos gustaría que alguien nos diera a comer carne!” Reclamaron a Moisés, se quejaron de él y de Dios, y eso provocó una matanza en medio de la peregrinación.

“Adaptarnos sin amoldarnos, para encajar y transformar”. No te dejes desviar por las costumbres, reclamos o gustos de otro. No quieras agradar al otro, cambiando tu manera de vivir y tu manera de pensar. No negocies lo sagrado rebajándolo al precio de lo humano. No te mezcles como Josafat, que al final casi lo confunden con el otro rey y pierde la vida (2 Crónicas 18:29).

Mantené tu lugar. Mantené tu posición. Mantené tu llamado. Mantené tu fe. Sos llamado, sos elegido, sos marcado por Dios para vivir, experimentar y compartir una vida de excelencia.

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