Pero…

Cuando leo la Biblia, cuando recorro las historias y predico, me gusta mucho leer entre líneas, captar los tonos y énfasis, la ironía de Jesús y, sobre todo, las palabras concretas y determinantes.

En el idioma existen los sustantivos concretos y los abstractos. Los concretos son esas “cosas” que podés tocar, palpar: este celular con el que estoy escribiendo, el mate que estoy tomando, la silla en la que estoy sentado.

Los sustantivos abstractos son los que “no se pueden tocar”: ideas, emociones, sentimientos.

Entre las cosas “concretas”, yo meto los adverbios temporales, esos complementos que te ubican en el tiempo y el espacio: “cuando”, “donde”, “nunca”, “siempre”. Ya te diste cuenta, me encantan “nunca” y “siempre”, así como “todo” y “nada”, porque no dejan espacio para otra cosa.

A ver… ¿Qué queda fuera de “todo”? ¡Nada! ¿Qué queda fuera de “nada”? ¡Todo! Determinante, concreto, claro, definido. Como se decía siglos atrás: “¡no hay tu tía!”

Ahora bien, hay otra palabrita que sirve a un propósito y, según dónde se la ponga en la oración, puede ser edificante. Pero, según dónde se la coloque, también puede ser deprimente.

Se le llama “conjunción adversativa”. Es un nexo entre dos ideas o conceptos que confronta una con la otra. Justamente la usé en el párrafo anterior: “pero…”.

“Te compré un regalo, pero…”, “Estás linda, pero…”, “Te quiero, pero…”. Terminalas como quieras, pero (je…) en todos los casos te llevan de la emoción a la decepción, de la alegría al bajón.

Distinto sería si simplemente cambiás el enfoque: “… pero te compré un regalo!”, “… pero estás linda!”, “… pero te quiero!”. ¿Viste qué fácil? Depende de cómo mires las situaciones, en qué pongas el foco, porque la manera en que te relaciones con las cosas va a definir cómo manejes esas cosas.

Moisés envió a doce hombres a inspeccionar la tierra que Dios les iba a dar. Estos “príncipes” volvieron de la recorrida con noticias alentadoras: “¡No hay tierra como esa!”, “pero…”. Pero. Parece que había algunos grandulones (Números 13:28). Parece que habría que batallar. Parece que era mejor quedarse en la mediocridad. “Pero…”.

Parece que los grandotes los miraban mal, parece que los menospreciaban, parece que los veían como “facilitos”. Parece…, porque es lo que los doce (diez, perdón) creían.

¿En qué cosas te estás enfocando? ¿Cuáles estás mirando? ¿Las que recibiste? ¿Las que tenés? ¿O las que te faltan?

¿Sos de los que valoran la pared recién pintada? ¿O de los que ven la manchita en esa pared?

¿Sos de los que “sacan lo precioso de entre lo vil” (Jeremías 15:19)? ¿O de los que encuentran lo vil entre lo precioso?

La manera en que miramos nuestra vida y lo que tenemos por delante, la forma en que evaluamos nuestras opciones y oportunidades, es la que va a definir qué vamos a alcanzar y cómo vamos a vivir.

Podría seguir escribiendo, pero…

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