Egocentrismo

Si hay algo que me molesta, es la gente desagradecida. A ver, yo tengo una relación un poco extraña con el “gracias”. Sinceramente, no me gusta que me den las gracias por las cosas que hago. Sí, soy complicado, lo reconozco. Porque lo que más me molesta, junto con las gracias, es tener que responder “de nada”. Cuando respondo “de nada”, mi corazón me dice: “estás de acuerdo con recibir las gracias”, “estás de acuerdo con la persona que te agradece, que —gracias a vos— recibió algo”. Y eso me molesta. Las cosas que hago, las hago por amor. Las cosas que hago, las hago por decisión. Las cosas que hago, las hago porque quiero… (Así que no te ofendas si no te respondo “de nada…”).

Pero también está la contraparte. ¿Tanto te cuesta dar las gracias? O sea, no quiero que me des las gracias, pero ¡sé agradecido, che! Hay muchas maneras de dar gracias y no todas son con palabras. Es más, si es sin palabras, mucho mejor.

Por eso digo que me molesta la gente desagradecida. Toma las cosas que recibe como derechos adquiridos (y no hay derechos adquiridos). Considera que “le corresponde” que le den lo que le están dando. Piensa, tal vez, que al otro le sobra y, capaz… el otro se está desprendiendo para poder compartirle algo.

Junto con la falta de agradecimiento va la falta de reconocimiento. Porque cuando considerás que algo es justo o merecido, no solo dejás de valorar lo que te dan sino que tampoco valorás a quien te lo da. Mi primer pastor decía (y yo le discutía) que es mejor cobrar centavos por algo antes que regalarlo, porque la gente solo valora lo que paga.

Ese fue el punto de inflexión en el viaje del Éxodo. Me animo a decir que “Dios se hartó”. Sí, ya sé que es “…grande en misericordia” (Éxodo 34:6), pero toda misericordia un día llega a su fin, justamente por misericordia (Génesis 6:3). ¿Querés más? ¿Sabías que la muerte es un acto de misericordia de Dios? Lo charlamos otro día, pero Dios se hartó. Se hartó de la arrogancia, se hartó de los desagradecidos, se hartó de los quejosos, se hartó de los criticones, se hartó de los soberbios que lo culparon a Él por no comer carne todos los días, extrañando “el pescado, los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos que comían en Egipto” (Números 11:5). Y como se hartó, dijo basta.

“Cuarenta años llevarán a cuestas sus iniquidades, un año por cada día, conforme al número de los días que anduvieron explorando la tierra, y así experimentarán mi castigo.” (Números 14:34).

¿Qué estás haciendo con lo que Dios te dio?
¿Cómo estás recibiendo las oportunidades que te puso por delante?
¿Valorás lo que Dios hizo en tu vida y familia?
¿Valorás lo que tu iglesia imprimió en vos como visión y dirección?
¿Le das gracias a Dios cada día?
¿Le reclamás?
¿Te quejás?
¿Le exigís?
¿Cómo hablás de lo que Dios hace y de lo que Dios te da?
¿Das testimonio del poder de Dios en tu familia?

“Los hombres que Moisés envió a explorar la tierra, y que al volver habían hecho que toda la congregación murmurara contra él, desacreditando así aquel país, murieron delante del Señor por causa de una plaga y por haber hablado mal de la tierra.” (Números 14:36-37).

Sé agradecido del lugar que Dios te dio y de la obra que Él empezó.
Con Dios aprendí que: “Si hay algo bueno en mí, eso es Dios; si algo malo hay en mí, mío es.”

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