Éxito

Esta mañana estaba conversando con alguien y surgió en la charla una de esas preguntas filosóficas (de esas que se te ocurren de la nada o cuando no tenés nada que hacer) sobre la plenitud y el éxito.
A pesar de ser algo filosófico, toca muy de cerca nuestro día a día, porque si hay algo que buscamos, es precisamente la plenitud y el éxito.

Eso nos coloca ante una nueva pregunta. Je… A veces pienso que los filósofos de la antigua Grecia se la pasaban divagando en sus pensamientos justamente porque no hacían nada de su vida… A ver… ¿de qué trabajaban? ¡Uh! Ya sé la respuesta, y es peor todavía: Aristóteles, Diógenes, Epicuro, Pitágoras, Platón y Sócrates tenían “escuelas de pensamiento”. O sea… ¡eran influencers que vendían cursos de desarrollo personal y de eso vivían!

Retomando el tema, se me presenta una nueva pregunta: ¿Qué es el éxito? ¿Qué es ser exitoso? Seguramente podemos tener infinidad de respuestas diferentes según el enfoque o visión que tengamos, según cuál sea nuestra motivación o interés.

John Maxwell dice que “El éxito es encontrar tu propósito y luego diseñar una vida que lo ponga en práctica”, y creo estar totalmente de acuerdo con esto. Desde antes de nacer, fuimos pensados por Dios con un propósito, lo que se convierte en nuestra razón de existir, nuestra función, nuestra meta y nuestra misión.

Llevándolo a la práctica (porque todo tenemos que probarlo en el campo), vamos reconociendo ese propósito a medida que avanzamos, al involucrarnos en distintas actividades. Cuando nos topamos con algo que nos da plenitud, que llena nuestras expectativas, que nos hace sentir bien, que nos entusiasma, que queremos ahondar en el tema… bueno, te encontraste con tu propósito.

En cierta manera, es la puesta en acción de la “Tercera Ley de Newton”, ese, el de la manzanita. No, no Steve Jobs, sino el que descubrió y enunció la ley de la gravedad. Don Isaac dijo: “A toda acción le corresponde una reacción de igual magnitud y en sentido opuesto.” También se la conoce como el Principio de Acción y Reacción. Bueno, también se la conoce como el Principio de Siembra y Cosecha.

Todo lo que hagas va a generar una reacción. Todo lo que hagas va a tener un resultado. Todo lo que siembres va a producir una cosecha, y a diferencia del enunciado de Newton, esta cosecha no es “de igual magnitud”, sino que siempre, siempre, la cosecha es mayor que la siembra.

Salomón también escribió algo sobre el tema. Parece que es algo recurrente. Bueno, es un principio espiritual y físico, así que lo vamos a ver en todas partes. Él dijo:

“El que es generoso, progresa; el que siembra, también cosecha.” (Proverbios 11:25, TLA).

Y acá, además, aparece un paralelismo: siembra y cosecha, generosidad y prosperidad. El hijo de David está diciendo que así como la cosecha proviene de una siembra, así la prosperidad surge del dar.

¡Ah! ¡Qué curioso! Como dijo Jesús:

“Es más bienaventurado dar que recibir.” (Hechos 20:35).

No pongas tu mirada solamente en lo tuyo. O sí, pero que lo tuyo incluya el dar.

¿Cuál es el sentido de la vida?
¿Cuál es la clave del éxito?
¿Qué me da plenitud?

Dale a Dios: tu tiempo, tu servicio, tus finanzas.
Dale a tu familia: tu tiempo, tu amor, tu compañía.
Dale a los demás, de todo lo que tengas que puedas dar, porque:

“Es más bienaventurado dar que recibir.” (Hechos 20:35).
“El que es generoso, progresa; el que siembra, también cosecha.” (Proverbios 11:25, TLA).

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