Seguramente ya hablé de este tema, pero siempre sigue siendo vigente y me cae en la lectura de hoy.
Bueno, a decir verdad, la revelación de Dios se renueva constantemente, pero Él sigue siendo el mismo y su Palabra, la Biblia, sigue siendo la misma.
¡Qué poder que hay en la palabra declarada! Estamos estos días hablando de Maldiciones Generacionales, desarraigando mitos, arrancando ideas y tradiciones un poco retorcidas, rompiendo cadenas y desatando ligaduras del pasado, parándonos en la verdad de, otra vez, la Palabra de Dios.
Y, en medio de todo eso, entendiendo que hay poder en la palabra declarada.
No es algo sujeto a la fe, ¡cuidado! No es algo relativo a mi posición, ¡cuidado! La palabra declarada tiene poder, por el solo hecho de ser declarada, por haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, el que “dijo y fue hecho” (Génesis 1:3).
Zacarías ya era un hombre viejo, como tal, es difícil de cambiar. Nos cuesta adaptarnos a los cambios y a medida que pasan los años, menos aceptamos modificar nuestra manera de ser y de pensar. Siempre digo que es más fácil desprenderse de un pecado que de un hábito, y aunque era un hombre conocedor “de las cosas de Dios” lo vivía un poquito más a su manera, según “su costumbre” (Lucas 1:18).
Zacarías clamaba a Dios por un milagro. Tenía privilegios, él era un V.I.P., tenía acceso a la misma presencia de Dios, a pararse delante de la mismísima arca que ni Indiana Jones pudo encontrar. Pero no creía…
Zacarías clama. Dios escucha. Dios responde y envía un ángel. Zacarías se asusta…
Me hizo acordar a Rode (ya te hablé de ella -Hechos 12:12-15-).
¿Qué hizo el ángel? Primero lo tranquilizó, le dio ánimo, le confirmó que venía de parte de Dios y que no era un fantasma, y le selló los labios para que no hable: “…como no has creído mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo, ahora vas a quedarte mudo, y no podrás hablar hasta el día en que esto suceda”. (Lucas 1:20).
Hay poder en la palabra declarada. Hay poder en lo que decimos, lo que hablamos, un poder que no depende de la fe sino solo de la acción. Un poder que tiene la capacidad de crear (bendición), un poder que tiene la capacidad de destruir (maldición) por el solo hecho de ser usado sin precaución (Proverbios 18:21).
Aprendé a cerrar tu “bocota” delante de lo que Dios está por hacer.
Aprendé a medir tus palabras, antes que tener que arrepentirte.
Aprendé a hablar lo justo y que sea de edificación.
(¿Leés Proverbios?)
No digas “no puedo”,
No digas “no tengo”,
No digas “no alcanzo”,
No digas “no llego”.
Hay poder en tu palabra al ser declarada…
